Concepto Totalidad Analytical Essay

La teoría kantiana de la Definición

Lewis White Beck*
University of Rochester (Estados Unidos)

Traducción del inglés por Daniel Perrone Universidad de Buenos Aires (Argentina)
dperrone@filo.uba.ar

Fecha de recepción: agosto 28 de 2012
Fecha de aceptación: noviembre 08 de 2012


Resumen

En las discusiones modernas sobre la posibilidad de las proposiciones sintéticas a priori, la teoría de la definición tiene una importancia capital, porque la mayoría de las teorías sostiene que los juicios analíticos están lógicamente implicados en una definición explícita (lo que restringe los enunciados de una definición completa y precisa a juicios de este tipo). Sin embargo, para Kant -el primer autor en señalar la distinción entre proposiciones analíticas y sintéticas-muchos juicios analíticos son obtenidos mediante análisis de conceptos que no precisan ser determinados previamente por una definición. Por otro lado, para él no todo conocimiento a priori es analítico. La afirmación de que no todo juicio analítico se deriva de una definición y la posibilidad del conocimiento sintético a priori indican que Kant no consideraba, contrariamente a las teorías modernas sobre el juicio analítico, que la definición sea un fundamento esencial del conocimiento.

Palabras clave:Kant, definición, analítico, sintético, método.


Abstract

In the modern discussions about possibility of synthetic a priori propositions, the theory of definition has a fundamental importance, because the most definition's theories hold that analytic judgments are involved by explicit definition (it limits sentences of complete and precise definition to this kind of judgments). However, for Kant -first author who pointed out the distinction between analytic and synthetic propositions-many analytic judgments are made by analysis of concepts which need not first be established by definition. Moreover, for him not all a priori knowledge is analytic. The statement that not all analytic judgment is derived from definition and possibility of synthetic a priori knowledge, indicates Kant didn't believe, contrary to modern theories about analytic judgment, the definition is an essential ground of knowledge.

Keywords:Kant, definition, analytic, synthetic, method.


I

[179] En la mayoría de los escritos contemporáneos sobre la distinción entre proposiciones analíticas y sintéticas, una proposición analítica es definida como aquella derivada de una definición explícita, según las reglas de la lógica formal. Si, como es habitual, se supone que 1) todas las definiciones son nominales o estipulativas, y además que 2) todas las proposiciones a priori son analíticas, se deduce que 3) la necesidad de una proposición a priori es lingüística, tanto por su origen como por su alcance.

Sin embargo, la distinción entre proposiciones analíticas y sintéticas fue delineada originalmente por Kant, quien no sostuvo ninguna de estas tres hipótesis. La confusión surge al discutir, en términos kantianos, una distinción cuyo uso moderno difiere sensiblemente [del uso que de ella hiciera] el autor de [dicha] distinción; las disputas se producen en un tono kantiano, pero de acuerdo con un modelo empirista. A veces, una o más de las tres doctrinas anteriormente mencionadas son atribuidas a Kant mismo1 o, más a menudo, se arguye que la doctrina kantiana es importante y plausible solo cuando es considerada anticipatoria y preparatoria de más recientes doctrinas. Cualquiera de estas estrategias sostiene doctrinas propias de Kant sin enseñarnos [empero], ninguna cosa importante y distintiva, al ocultar lo que era único y original en ellas, pero que desde entonces ha sido olvidado o descuidado.

Mi propósito consiste en intentar dar cuenta de la relación entre los puntos de vista propiamente kantianos sobre la definición y el juicio analítico. Sugeriré que la interpretación de que sus juicios analíticos están [180] basados en definiciones no tiene ningún asidero histórico. Esto plantea el interrogante acerca de si las disputas modernas sobre la posibilidad de las proposiciones sintéticas a priori, en las que la teoría de la definición tiene una importancia determinante en la formación de criterios para la analiticidad, son realmente discusiones sobre el problema al que Kant dedicó la primera Crítica.

II

Definir, según Kant, es el medio para presentar el concepto completo de una cosa dentro de sus límites y en su carácter primario u original. Un concepto completo es aquel [que cuenta] con una cantidad suficiente de predicados claros para que el concepto sea enteramente distinto, y los predicados [así] indicados son primarios u originales en el sentido de que no se derivan de otros predicados incluidos en la definición. Los predicados deben, en otras palabras, ser primitivos y estar coordinados; predicados derivados y subordinados no son admisibles en una definición, pues de lo contrario, la definición requeriría una prueba2. Si una definición contiene predicados derivados incorrectamente -propiedades en lugar de essentialia- carece de precisión. La definición es un "concepto suficientemente distinto y preciso (conceptus rei adaequatus in minimis terminis, complete determinatus)."3La definición de "definición" brindada aquí por Kant lo lleva a negar el nombre de "definición" a muchas oraciones comúnmente así llamadas. Se llega a ella en parte por un análisis del uso, y en parte por una decisión que hace al concepto más preciso: "Hay definiciones de conceptos que ya poseemos pero que no denominamos correctamente; en estos casos, no se trata de que el significado de la palabra sea analizado, sino de que un concepto, que ya poseemos, sea analizado, y sólo entonces debe mostrarse que el nombre lo expresa correctamente"4.

Kant distingue dos grandes divisiones, independientes entre sí, de definiciones: [la división] en analíticas y sintéticas, y [la división] en nominales y reales.

Una definición es analítica si lo es de un concepto dado; sintética si [lo es] de [181] un concepto hecho o sintetizado por la misma definición5. La primera hace a un concepto distinto, la última hace distinto a un concepto6. Bajo cada una de estas grandes divisiones hay otra subdivisión: el concepto definido puede ser dado o hecho a priori o a posteriori7.

Una definición analítica establece los predicados analíticos originales de la cosa definida. Un predicado analítico es un concepto parcial de una cosa pensaba de hecho en el concepto del definiendum8. Por lo tanto, una definición analítica es un juicio analítico que no contiene predicados subordinados. Una definición sintética, por el contrario, contiene predicados sintéticos, predicados cuya unión establece un concepto distinto del definiendum.

La otra gran división es entre definición nominal y real. Kant no establece esta distinción como aquella [que se establece] entre la definición de una palabra y la definición de una cosa, ya que consideraba al concepto, en lugar de la cosa o de la palabra, como el definiendum, impidiéndole emplear esta formulación de la distinción. La diferencia radica, más bien, en el contenido del definiens y en la función metodológica de los dos tipos de definición. Una definición nominal establece la esencia lógica del concepto de la cosa, o sirve meramente para distinguir esta cosa de las demás. Si solo hace esto último, se llama definición de diagnóstico, en contraste con una definición que indique predicados esenciales primitivos9. La esencia lógica, indicada en la definición nominal, es el concepto original primitivo de todos los essentialia10; la definición de diagnóstico solo puede indicar lo mínimo irreductible de algunos atributos o propiedades fácilmente reconocibles, suficientes como criterio de clasificación dicotómica para una prueba [del tipo] aprobado/desaprobado.

Una definición real no solo pone una palabra en lugar de otras, el definiens también contiene una nota clara por la cual el objeto puede ser reconocido, y en virtud de la cual se muestra la "realidad objetiva" del concepto definido -por la que se muestra que hay una cosa definida11 (la definición de diagnóstico hace esto [mismo], pero sin [182] establecer la marca de diagnóstico como essentia de la cosa). La definición real, por lo tanto, es una parte, y no meramente una herramienta, del conocimiento. La definición real establece la esencia real constituida por predicados reales, no meramente por predicados lógicos incluidos ("ya pensados en") el concepto del sujeto.

Un predicado sintético es una determinación (Bestimmung) no incluida en el concepto del sujeto, sino una ampliación de este, que no puede ser obtenida mediante análisis. Esta determina una cosa, no solo su concepto. "Todo lo que uno quiera puede servir de predicado lógico; hasta el sujeto puede ser predicado de sí mismo; pues la lógica hace abstracción de todo contenido. Pero la determinación es un predicado que se añade al concepto del sujeto, y lo aumenta. Por consiguiente, no debe estar ya contenida en él"12. Una definición real, por lo tanto, es siempre un juicio sintético, aunque la definición real, como definición, puede ser analítica y es analítica si el concepto es dado13.

Los predicados reales nunca son arbitrariamente sintetizados en un producto lógico llamado esencia, en todos los casos las determinaciones no son puramente conceptuales, sino representaciones intuitivas. La lógica general solo se refiere a la esencia o predicados lógicos, o, más bien, a la abstracción de todo contenido, tratando a las determinaciones como si fueran predicados lógicos. Pero el conocimiento de las cosas requiere el conocimiento de y por medio de determinaciones, no solamente la pronunciación de sus nombres, y este conocimiento es el conocimiento de la posibilidad real del objeto a través de una determinación específica, tanto de su ratio essendi como de su ratio cognoscendi14. Hallamos la esencia lógica reflexionando sobre los predicados que constituyen o están hechos para constituir la definición nominal; por la esencia real, buscamos datos de la experiencia o de la intuición para determinar cuándo y bajo qué condiciones el objeto es realmente posible15.

[183] Este difícil y oscuro asunto está implicado en la distinción entre la lógica general y la trascendental, y no puede hacerse inteligible dentro de los límites que usualmente le son impuestos en los debates sobre la definición de la lógica formal. Kant dice que en una definición real no nos limitamos a equiparar una palabra con un producto lógico de predicados lógicos elegidos arbitrariamente, sino que realizamos por lo menos un juicio existencial problemático y establecemos las condiciones bajo las cuales este juicio puede ser verificado, de modo que podamos observar que el definiendum tiene "referencia objetiva". Debe haber en el definiens alguna determinación o compuesto de determinaciones que pueda ser "capitalizado" en una posible experiencia sensible (intuitiva). Su ausencia es la razón por la cual todas las definiciones en la metafísica especulativa son solo nominales. Su carácter epistemológico específico es la razón, también, por la que la lógica general no se ocupa de (o por lo menos no distingue) definiciones reales, ya que la lógica general no tiene en cuenta la diferencia trascendental entre un predicado y una determinación, y el abandono de esta diferencia es, por último, la razón por la cual la lógica, cuando se utiliza como un organon de la metafísica, se convierte en dialéctica.

La noción de la definición real no solo está excluida de la lógica general kantiana (aunque Kant se haya ocupado de ella en sus lecciones, las cuales superaron con creces los límites que estableció a todo el campo de la lógica general), sino que es cuestionada por otros motivos por la mayoría de los escritores modernos que rechazan la distinción ontológica entre esencia y propiedad (cfr. Robinson, 1950, pp. 154-155).

Ellos admiten, en cualquier caso específico, la distinción entre una definición esencial y una accidental, aunque por motivos pragmáticos, no ontológicos. Kant, de acuerdo con una tradición que se remonta al menos a La lógica de Port Royal (Arnauld & Nicole, 1964. Véase Parte I, cap. XII), utiliza la distinción entre definición nominal y real para designar a esta otra, muy diferente, distinción: una definición real es aquella de la que otras propiedades pueden ser derivadas, mientras que una definición nominal solo basta para [184] "comparaciones" y no para "derivaciones"16*. Así, "el círculo es una línea curva en la que pueden hacerse coincidir todas sus partes" es descrita por Kant como una definición nominal, a pesar de que se prescribe una prueba aplicable; es decir, es una definición que contiene un predicado ya derivado, no una essentia; pero en lugar de señalar esto, él la llama nominal17.

Habiendo establecido ya las principales divisiones, me abocaré a los tipos específicos de definición resultantes de las dos divisiones independientes. Pueden ser más fáciles de observar en la siguiente tabla 18*:

    1. Definición nominal analítica. Kant dice poco acerca de ella, y lo poco que dice es confuso. Puesto que esta [definición] es, en cualquier caso, de poca importancia para nuestra investigación, no me detendré a examinar las diversas y confusas declaraciones realizadas por Kant, sino, simplemente, enumeraré los pasajes para el lector interesado19.

    2. Definición nominal sintética.Tal definición es una estipulación o una "declaración" de un uso previsto, el concepto es creado por la [misma] definición. Puesto que ellas [las definiciones nominales sintéticas] no son determinadas por la experiencia o el análisis de un concepto dado, Kant dice que esas definiciones son sintéticas a priori, sin darse cuenta, tal vez, de la inconveniencia de este adjetivo para lo que no es propiamente una proposición o un juicio20.

    3. Definición real analítica.Una definición de este tipo establece los predicados que definen a un concepto dado del que se sabe tiene validez objetiva, y contiene el predicado sintético (Bestimmung) [185] que le da al concepto definido dicha referencia objetiva. No obstante, tras la investigación, resulta que cualquier intento de establecer una definición no cumple con los requisitos formales de la definición, ya sea con respecto a la completitud o a la precisión.

    Si el concepto es dado a priori, no podemos estar seguros de que contamos con un análisis completo del mismo en la coordinación de sus predicados. Un concepto a priori puede incluir "muchas representaciones oscuras, que pasamos por alto en nuestro análisis, a pesar de que estamos constantemente haciendo uso de ellas en nuestra aplicación del concepto." Por lo tanto, la completitud de una definición proferida nunca es más que probable, y en lugar de llamar a este tipo de análisis indefinido por el nombre de "definición", Kant lo llama una "exposición"21.

    Si el concepto es dado a posteriori, su análisis adolece de la misma debilidad mencionada anteriormente en la discusión de la definición de un concepto a priori. Tal concepto no tiene un análisis preciso y completo, puesto que el concepto mismo no es una unión fija de predicados. Este es variable, dependiendo del alcance de la experiencia que clasificamos bajo el mismo. Kant dice, en un solo lugar, que ni siquiera pueden ser definidos nominalmente22. Una enumeración de los atributos y propiedades de una cosa significada por un concepto empírico es, a lo sumo, una descripción, la cual no se condice con las normas de precisión y completitud; la descripción proporciona muchas verdades que sirven de "materia para la definición"23, la definición misma es solo un ideal.

    4. Definición real sintética. Es obvio, por el nombre mismo, lo que cae bajo ella: tal definición no solo tiene que crear un concepto, sino que debe demostrar su posibilidad real mediante la inclusión de la Bestimmung que es su ratio essendi y cognoscendi.

Si la síntesis es de conceptos puros, la determinación real debe ser un aspecto de la intuición pura; si de conceptos empíricos, la determinación real debe ser una intuición empírica. La síntesis de conceptos puros es una construcción. La construcción es la presentación de un concepto a través de la producción espontánea de su intuición correspondiente y verificadora.

Los conceptos, si son puros, solo pueden tener una representación a priori en la intuición pura, y esta representación es su definición, como ocurre en las matemáticas. Si el concepto es empírico en sus componentes, tenemos la presentación de una intuición actual [186] empírica, no solamente a través de la imaginación productiva, sino a través de un cambio efectuado en el mundo real. Una definición de tal concepto puede ser genética, la cual nos dice cómo crear un objeto correspondiente24, y la concepción del objeto es la prueba de que dicho concepto tiene una posibilidad real objetiva, y no es una quimera. Kant llama a esta definición (a partir [del ejemplo] de un barco-reloj) una "declaración de un proyecto"25 o una "exposición de los fenómenos"26. Como "exposición" y "declaración" son utilizados también en otros sentidos, he llamado a esta [definición], en la tabla, "invención".

En matemáticas, creamos un concepto mediante síntesis. "El matemático en sus definiciones dice, Sic volo, sic jubeó"21. Sin embargo, a pesar del tono moderno de esta afirmación, las definiciones matemáticas, para Kant, son reales y no nominales. Las entidades matemáticas no son productos lógicos arbitrarios compatibles con la lógica de predicados; los conceptos tienen validez objetiva (en la intuición pura), la cual se muestra a través de la presentación de la determinación correspondiente. Si la presentación es un producto de la imaginación productiva, la construcción se denomina esquemática o pura, de una figura (no importa cuán elaborada) utilizada en una prueba geométrica. Esta figura no es utilizada empíricamente, y su diseño actual no es una parte de la ciencia de las matemáticas, sino del arte. Kant llama al boceto hecho empíricamente "construcción técnica"28, y, de hecho, es como la "invención" de cualquier objeto empírico. La matemática es la única ciencia capaz de construir sus conceptos a priori, y solo por la construcción podemos lograr la completitud y la precisión en el conocimiento. Por lo tanto, la matemática es la única ciencia que contiene propiamente y en sentido estricto definiciones29.

Kant habla a menudo de las definiciones sintéticas, incluyendo las definiciones matemáticas, como willkürlich. La palabra willkürlich, habitualmente traducida como "arbitraria", no sugiere, sin embargo, el capricho [187] que a veces se da a entender en la palabra "arbitrario"; "arbitrario" no significa "al azar". La arbitrariedad, como hoy comúnmente es interpretada, no es una característica del conocimiento matemático tal como Kant lo interpreta; los conceptos matemáticos están limitados por las condiciones fijadas en la intuición, así como los conceptos empíricos se sintetizan según los límites impuestos por el contenido actual y el orden de los datos empíricos. Kant contrasta willkürlich con empirisch, no, según creo, con notwendig30.

III

Paso ahora a examinar el papel que juegan las definiciones en el progreso del conocimiento, según lo describe Kant.

La procura de definiciones de conceptos empíricos está justificada por las exigencias técnicas de la comunicación en un lenguaje relativamente no ambiguo. Tenemos, cada tanto, la necesidad de "arreglar" el significado de un concepto, y lo hacemos mediante una definición nominal o una declaración. Tales definiciones, si se hacen demasiado pronto o, especialmente, si se toman demasiado en serio, más como una parte que como un instrumento del conocimiento, pueden falsear la investigación al permitir que el análisis lógico tome el lugar de la clarificación empírica. "¿Y de qué serviría", se pregunta Kant, "definir un concepto tal [empírico]?, porque si, por ejemplo, se trata del agua y de sus propiedades, uno no se detendrá en lo que se piensa con la palabra agua, sino que pasa a [efectuar] experimentos"31. Una descripción es suficiente; la definición que pretende ser más que nominal es una presunción inútil.

Pasando del conocimiento empírico al racional, Kant insiste en una clara distinción entre el método propio de las matemáticas y el de la filosofía. El matemático comienza con definiciones y arriba a sus conclusiones mediante un método sintético (lo que conlleva construcciones); sus definiciones no pueden ser falsas, y su único defecto puede ser la falta de precisión, que es progresivamente corregida32. El filósofo, por el contrario, debe comenzar por conceptos que ya le son dados, aunque confusamente y sin [188] suficiente determinabilidad. La cosa significada no es intuitivamente clara en el signo, como [ocurre] en los conceptos de las matemáticas33, los cuales están sujetos a su construcción en la intuición. Los símbolos [matemáticos], tales como un conjunto de puntos representando un número, tienen su significado "a primera vista", mientras que el filósofo debe usar sus símbolos solo como pobres representaciones de conceptos más ricos34*. Estos deben ser analizados a fin de comparar sus características aisladas con aquellas originalmente previstas en un concepto hecho utilizado para hacer inteligible una experiencia sin analizar. Una definición alcanzada en filosofía mediante síntesis solo accidentalmente puede ser la definición de un concepto que nos planteara originalmente el problema filosófico.

En matemáticas hay pocos conceptos inanalizables, y pueden ser utilizados con seguridad de acuerdo con reglas explícitas, sin necesidad de análisis. El análisis de los conceptos, de hacerse por completo, pertenece más a la filosofía de la matemática que a la propia matemática. En filosofía, por el contrario, hay muchos conceptos inanalizables e indefinibles, pero no empezamos nuestro trabajo con ellos. Descubrimos lo que ellos son solo mediante el análisis de conceptos dados, los cuales no son enteramente claros y distintos. Por lo tanto, el filósofo (si es afortunado) culmina donde comienza el matemático, es decir, con conceptos elementales indefinibles y las definiciones de los conceptos dados al comienzo. Las definiciones en filosofía, por consiguiente, no son condiciones del conocimiento; son aquello con lo que esperamos concluir, no la materia prima con la que comenzamos.

A partir de estas investigaciones textuales podemos concluir que la definición no juega un papel dominante en la filosofía kantiana como lo hace en las teorías posteriores del juicio analítico. En un solo campo, las matemáticas, Kant admite definiciones estrictas, y [solo] en las matemáticas es posible decidir indudablemente lo que es analítico y lo que es sintético. En el conocimiento empírico, la definición es solo parcial e informal, y deberíamos esperar lo que encontramos, es decir, que la determinación del carácter de juicios específicos sea variable y sin demasiada importancia. En lo que hace a los juicios a príorí ajenos a las matemáticas -aquellos de cuyo establecimiento Kant se ocupa especialmente-, la definición de sus conceptos es imposible. Sin embargo, es con respecto a estos juicios que es de fundamental importancia distinguir [189] el apriorismo de la lógica formal (analítica) del apriorismo de la lógica trascendental (sintética).

La definición no es esencial para la certeza en el conocimiento. Más allá de la creencia de Kant de que no todo conocimiento a príorí es analítico, ni siquiera afirma que los juicios analíticos sean necesariamente consecuencias de las definiciones. A pesar de que señala35 que los juicios analíticos son deducibles de las definiciones, esta afirmación aparece en la respuesta a Eberhard, en un contexto suministrado por su oponente; este no es el sentido característico en el que está indicada la naturaleza de los juicios analíticos. La definición sería una condición suficiente, pero no necesaria, para los juicios analíticos; podemos tener un conocimiento a priori de conceptos no definidos con tal de que podamos exhibir el concepto en la intuición pura (esquematizar sienta la base para los juicios sintéticos) o brindar un análisis parcial del concepto36. Y en tres lugares37, por lo menos, Kant describe la forma en que se adquiere la certeza lógica en el conocimiento, mostrando claramente que la definición desempeña un papel secundario. Nos dice que debemos empezar por el análisis de conceptos, expresando el análisis en juicios analíticos, y solo entonces organizar estos juicios analíticos en [la forma de] definiciones. De todos modos, la definición requiere una completitud y precisión que a menudo suele ser un ideal inalcanzable, aunque su ausencia no pone en peligro los juicios analíticos ya realizados.

Se supone que la Crítica de la razón pura es una respuesta a la pregunta ¿cómo son posibles los juicios sintéticos apriori?. Pero si no es posible decidir objetivamente si un juicio dado es sintético o analítico, toda la Crítica parece ser un esfuerzo inútil. ¿Podemos hacer juicios sintéticos y saber que, por decirlo así, seguirán siendo sintéticos a medida que examinemos su apriorismo. ¿O las definiciones no acrecientan y así amplían su influencia sobre un juicio que, conocido solo empíricamente, bajo mejores definiciones pueda llegar a ser lógicamente necesario. ¿No podemos acordar (cfr. Chapman, 1952, p. 391) que un "juicio sintético a priori" es un juicio con un término ambiguo, [190] y que al eliminar la ambigüedad de la definición eliminamos el apriorismo o la sinteticidad?

Esto presupone que los juicios analíticos son determinados por las definiciones, y al menos sugiere que las definiciones son arbitrarias, de tal manera que tenemos la opción de decidir si el juicio en cuestión será analítico o sintético. Expresado en otros términos, esta es una de las más antiguas y probablemente la más común de todas las críticas a la teoría kantiana. La diferencia que Kant creía fundamental parece ser una distinción subjetiva, cambiante, dependiente de cuánto se sabe en un momento dado, y cómo se formula lo que uno sabe. Muy tempranamente en el uso de la distinción, Kant parece haber anticipado esta objeción38, aunque no dio una respuesta en ese momento, y durante muchos años utilizó la distinción, aunque ignorando completamente dicha objeción.

No parece haberse dado cuenta de toda la fuerza [de la objeción] hasta que preparó su respuesta a Eberhard. Incluso entonces, en la respuesta publicada no llega a abordar el problema; pero en el documento de trabajo preparado por Schultz bajo su dirección hay un pasaje39 en el cual se refiere al traspaso de la línea entre los dos tipos de juicios por modificación de la definición. El pasaje es oscuro, pero voy a tratar de describir lo que creo que Kant habría dicho que había que poner en forma para su publicación.

Kant invita a su oponente a añadir cualquier atributo que desee a un concepto, de modo que sea lo que fuere lo que quiera demostrar, pueda probarlo por deducción, es decir, analíticamente. Pero Kant le pregunta: ¿Cómo llegó a incluir en el concepto precisamente aquellos atributos que Ud. necesitaba para hacer de juicios previamente sintéticos [juicios] analíticos? No puede responder que está dando una definición del concepto, a menos que pueda demostrar que está obedeciendo las reglas de definición de la lógica formal. Es decir, él debe ser capaz de demostrar que los atributos de reciente introducción son lógicamente independientes de la vieja [definición], pero invariablemente ligados al objeto de la experiencia, de modo que la conjunción de los viejos atributos y los nuevos tengan la misma denotación que el concepto original. Una denotación más estrecha no definirá, porque eso significa que un nuevo concepto ha sido introducido, no que un viejo [concepto] ha sido [191] definido. Ahora, con el fin de conocer la identidad de la vieja y la nueva denotación debe conocer la relación de los atributos independientes antes de incluirlos en una nueva definición, debe conocerla sintéticamente, porque si ellos estuviesen analíticamente relacionados se habría roto la regla relativa a la precisión de la definición. Por lo tanto, las definiciones elaboradas con el propósito de hacer [de] juicios sintéticos [juicios] analíticos no son definiciones reales, o al hacerlas debemos conocer con certeza el juicio sintético que ellas han diseñado para tipificarlo como analítico. Si ellas no son reales, sino solo definiciones nominales, entonces el problema del conocimiento sintético a priori (que Kant llama el problema metafísico) no es alcanzado por este ejercicio de lógica40.

IV

En contraste con las opiniones mencionadas al comienzo de este artículo, a veces erróneamente atribuidas a Kant, hemos hallado que los puntos de vista kantianos sobre la relación entre la definición y el criterio de análisis son los siguientes. Si bien un juicio lógicamente implicado por una definición es analítico, los juicios analíticos no son necesariamente, e incluso por lo general, conocidos o justificados por deducción de las definiciones. Los juicios analíticos son obtenidos mediante análisis de conceptos que no precisan ser determinados previamente por una definición. La definición es la última etapa en el progreso del conocimiento, siendo precedida por el análisis de conceptos dados, expresados en juicios analíticos. Debido a que la definición es secundaria y más o menos un elemento adventicio en la teoría kantiana de los criterios del juicio analítico, la opinión de que las proposiciones sintéticas pueden ser consideradas analíticas por un cambio en su definición es ajena a la distinción que Kant estableció y utilizó, y no contribuye a una solución de su problema, [el] de justificar los juicios a priori, cuya necesidad no es la de la lógica formal.


Notas

*[White Beck, L. (1956). Kant's Theory of Definition. The Philosophical Review, 65 (2), 179-191. Todas las expresiones entre corchetes son agregados de la presente traducción. Nota del traductor (en adelante, NT)].

1 Tres ejemplos muy diferentes son [los siguientes]: (a) "La notion kantienne du jugement analytique semble d'exiger que les concepts soient d'une part absolument susceptibles d'une definition unique, rigoreuse et sans aucune ambiguity, et que d'un autre côte leurs definitions soient susceptible d'etre analysees sans qu'on aboutisse a des jugements synthetiques" ["La noción kantiana de juicio analítico parece exigir que los conceptos sean, por un lado, sólo susceptibles de una única definición, rigurosa y sin ambigüedad alguna, y que, por otro lado, las definiciones sean susceptibles de ser analizadas sin necesidad de llevarlas a juicios sintéticos"] (Tannery, 1903, p. 124); (b) "Kant scheint bei der Einteilung der Urteile in analytisch und synthetisch von der Fiktion auszugehen, dass auch die nicht-mathematischen Begriffe definiert werden können" ["Parece que Kant, con la división de los juicios en analíticos y sintéticos, asume la ficción de que los términos no matemáticos también pueden ser definidos"] (Marc-Wogau, 1951, p. 150); (c) "La distinción . . . es fácil y clara, siempre y cuando nos estemos ocupando de definiciones estipulativas o nominales, como Kant parece haber supuesto que podíamos hacerlo" (Gahringer, 1954, p. 435).

2 KrV, A 727-B 755, nota.

3 Vorlesungen über Logik [Lecciones de lógica], §90 [Ak IX, 134-135].

4 Reflexión 3003. (Todas las referencias a las Reflexionen están numeradas según lo establecido en la edición de la Academia Prusiana [Ak], vols. XIV-XVIII).

5 Vorlesungen über Logik, §100 [Ak IX, 141].

6 Ibid., Introducción, viii [Ak IX, 58-65] (Cassirer ed., VIII, 376); Reflexión 2929. Todas las referencias subsiguientes a las Vorlesungen [Lecciones] son de la edición Cassirer.

7 Vorlesungen über Logik, §101 [Ak IX, 141].

8 Ibid., p. 372.

9 Reflexiones 2994, 3003.

10 Vorlesungen über Logik, Introducción, viii [Ak IX, 58-65], p. 374.

11 KrV, A 241-242n.

12 KrV, A598/ B 626 (trad. Kemp Smith); Reflexión 4055. [Para esta versión castellana se ha utilizado la traducción de Mario Caimi de los pasajes de la KrV. NT].

13 Reflexiones 2955, 2994. [Esta última afirmación de Beck, aparentemente paradójica, señala la voluntad kantiana de distinguir entre una definición real sensu stricto y una definición real en sentido laxo. En efecto, para Kant solo los conceptos matemáticos -conceptos hechos a priori- pueden, en sentido estricto, ser definidos de manera real (véase la contundente afirmación de KrVA729/ B757 - A730/ B758). Kant llama a este tipo de definiciones declaraciones [aunque Beck encontrará inconvenientes, más adelante, en el uso de este término, véase el cuadro de la p. 184 y su justificación en p. 186], las que coinciden con las llamadas definiciones genéticas: "Una definición es genética cuando produce un concepto mediante el cual puede ser expuesto el objeto a priori en concreto" (Vorlesungen überLogik, Ak IX, 144). Sin embargo, ciertas definiciones analíticas pueden ser consideradas, para Kant, definiciones reales en un sentido laxo, particularmente aquellas definiciones aproximativas que procuran la perfección lógica de conceptos dados a priori. En el pasaje citado de Vorlesungen über Logik, por ejemplo, Kant insta al lector a procurar definiciones reales de las Ideas de la Razón, es decir, de conceptos dados a priori que solo admiten definiciones analíticas, como señala en KrV A728/ B756 - A729/ B757 y en la Reflexión 2994. La identificación entre "definición real" y "juicio sintético" debe, pues, ser matizada. NT].

14 Vorlesungen über Logik, Introducción, viii, p. 374. No debe entenderse, naturalmente, que la ratio essendi tenga una relación con la cosa misma, lo que correspondería a la "esencia real" en Locke; Kant, como Locke, admite no saber nada acerca de ella. Pero la ratio essendi puede ser aplicada también al objeto del conocimiento, y cuando ratio cognoscendi y ratio essendi coinciden en parte, tenemos un conocimiento a priori.

15 KrV, A218/ B265. Kant insiste sobre la distinción entre los dos significados de posibilidad ya en el Einzig möglicher Beweisgrund [El único argumento posible...] (Akademie ed.), II, 77-78, el punto más importante siempre ha sido que la existencia no es un predicado lógico. Hay muchas cosas lógicamente posibles que no son realmente posibles, porque la condición no-conceptual demuestra que su existencia no es posible. Así, "una figura plana de dos lados" es, lógicamente posible, pero no realmente posible, mientras que un "triángulo de dos lados" no es lógicamente posible (KrV A221/ B268). El único tipo de objeto posible para la definición formal es lógico (KrV, A244/ B302).

16* [Véase Arnauld-Nicole (1964: 79-83): "Es necesario, también, tener cuidado de no confundir la definición del nombre [...] con aquella de la que hablan algunos filósofos, que entienden por ella la explicación de lo que la palabra significa, según la costumbre común del lenguaje, o de acuerdo con la etimología. [...] Aquí consideramos [...] sólo el sentido particular en el que se define una palabra [...] sin considerar en absoluto si otros la toman en el mismo sentido. [...] Las definiciones de los nombres son arbitrarias, [...] pero es muy diferente con las definiciones de las cosas, ya que no depende de la voluntad de los hombres que las ideas comprendan todo lo que ellos desearían que comprendiesen, de modo que si, al querer definir, atribuimos a estas ideas algo que no contienen, necesariamente caemos en el error. [...] Las definiciones de los nombres no pueden ser impugnadas, porque son arbitrarias, ya que no podemos negar que un hombre le ha dado a un sonido la significación que dice le ha dado, ni que esta tiene sólo significación en el uso que él hace de ella, tras haber sido advertidos de ello, pero en lo que hace a las definiciones de las cosas, a menudo es necesario evaluarlas, dado que pueden ser falsas [...]." NT].

17 Reflexión 2916; cf. Reflexión 2995. El señala, no obstante, la debilidad real de esta definición en la KrV, A732/ B760.

18* [La nomenclatura ofrecida por Beck es ligeramente diferente de la que Kant expone y justifica en la Doctrina Trascendental del Método de la KrV, B755-B758. La clasificación kantiana es la siguiente: 1. explicación (definición de conceptos empíricos dados); 2. exposición (definición de conceptos dados a priori, es decir, conceptos puros de la razón y conceptos puros del entendimiento); 3. declaración de un proyecto (definición de conceptos empíricos hechos); y 4. construcción o declaración a priori (definición propiamente dicha, definición de conceptos hechos a priori, es decir, conceptos matemáticos). Conceptos dados o hechos a posteriori (empíricos) solo ameritarían exposiciones analíticas en el primer caso, y declaraciones sintéticas en el segundo, únicamente nominales; conceptos dados o hechos a priori (intelectuales) ameritarían tanto definiciones nominales como reales (analíticas para conceptos dados a priori y sintéticas para conceptos hechos a priori), aunque, en sentido estricto, solo las construcciones matemáticas o declaraciones a priori (sintéticas) serían propiamente definiciones (teniendo en cuenta el sentido laxo que Kant otorga a la expresión "definición real", ya señalado en nuestra observación a la nota 13 de este artículo). Cabe señalar, no obstante, que el uso del término descripción está justificado por el § 105 de Vorlesungen über Logik (Ak IX, 143), aunque solo para referir a la definición de conceptos empíricos dados. Beck parece identificar a estos últimos (conceptos de objetos de la experiencia) con los conceptos empíricos hechos (conceptos en los que se enlaza arbitrariamente data empíricos diversos, sin que tales conceptos correspondan a objeto determinado alguno de la experiencia), cómo se verá más adelante. NT].

19 Vorlesungen über Logik, § 106, Obs. 2 [Ak IX, 144]; Reflexiones 2918, 2931, 2963, 3004. [La definición analítica nominal quizás posea alguna relevancia, desde el momento que Kant proporciona una nomenclatura precisa para distinguir la definición analítica nominal de conceptos dados a priori (exposición) de la definición analítica nominal de conceptos dados a posteriori (descripción). Definiciones de este tipo no pueden garantizarnos el alcanzar la distinción del concepto -puesto que nunca podemos estar seguros de que las notas enumeradas constituyen la totalidad de las notas del concepto, y ni siquiera podemos establecer si dichas notas son esenciales-, aunque tienen probada utilidad para realizar comparaciones. En efecto, Kant reconoce que una exposición incompleta de conceptos dados a priori puede ser verdadera y útil en Vorlesungen über Logik, Ak IX, 143. NT].

20 Reflexión 3007. Tal definición -en el caso en cuestión, esto es, la definición kantiana de juicio analítico- no puede incurrir en error. Über eine Entdeckung [Sobre un descubrimiento..], Ak VIII, 232. Todas las referencias a este ensayo se encuentran en las páginas del vol. VIII de la edición de la Akademie. [Contra esto puede afirmarse -a juzgar por KrV B757- que también los conceptos empíricos hechos pueden ser definidos nominal y sintéticamente (en esto consistiría la denominada "declaración de un proyecto"), e incluso esta sería la única definición posible de los mismos. La teoría de la definición kantiana parece ser subsidiaria de su teoría del concepto; al eliminar la posibilidad de definir nominal y sintéticamente a conceptos a posteriori se omite la existencia de un orden de conceptos empíricos que no refieren a objetos de la experiencia, pero a los que Kant otorga un carácter diferencial con respecto al resto de los conceptos en la clasificación ya mencionada de los tipos de definición. Arenas (1997, p. 135, n.57) y Vanzo (2010, p. 155) han hecho hincapié en la importancia de la distinción entre conceptos empíricos hechos y conceptos empíricos dados, señalando la habitual confusión entre unos y otros en la literatura crítica kantiana. NT].

21 KrV, A729/ B757.

22 Reflexión 2992.

23 Vorlesungen über Logik, § 105, Obs. 3 [Ak IX, 143],

24 Reflexión 3001,

25 KrV, A729/ B757,

26 Vorlesungen über Logik, § 102 [Ak IX, 141]. [El pasaje citado es ciertamente equívoco: aunque el apartado se refiera a la definición sintética, la exposición de los fenómenos equivale a la definición de conceptos empíricos dados, que según KrV A729/B757, no permiten definiciones en sentido estricto, y menos aún sintéticas. Esto, por lo demás, se constata en la observación del § 102, en el que se enumeran conceptos empíricos como "agua", "fuego", "aire", es decir, conceptos empíricos dados. Al afirmar que la síntesis de estos conceptos no es arbitraria, sino empírica, Kant parece señalar que no hay identidad entre conceptos empíricos de objetos y conceptos empíricos arbitrarios (conceptos construidos con data empíricos). Por otra parte, el apartado solo se refiere a definiciones sintéticas, sin precisar si se trata de definiciones reales o nominales. El pasaje es ciertamente problemático, y parece entrar en contradicción flagrante con la descripción de KrV A729/ B757 - A730/ B758. NT].

27 Reflexión 2930; ver también Untersuchung über die Deutlichkeit der Grundsätze... [Investigación sobre la distinción de los principios..] (Ak II, § 1; (Beck tr., p. 262) -de ahora en adelante me referiré a esta obra como Prize Essay; el primer número refiere a la paginación de la edición Akademie; el segundo, en paréntesis, a mi traducción (Chicago, 1949).

28 Über eine Entdeckung [Sobre un descubrimiento], (AK VIII, 192n). 29KrV, A729/ B757.

30 Vorlesungen über Logik, § 103, Obs. [Ak IX, 142]. [Si en lugar de suponer que 'arbitrario' se opone a 'empírico', suponemos, más bien, que se opone a 'dado', podríamos incluir los conceptos empíricos hechos, junto a los matemáticos, bajo la rúbrica de 'arbitrarios', lo que indicaría, a su vez, que 'arbitrario' hace sinonimia con 'construido', ora en la intuición pura, ora en la empírica. De hecho, cuando Kant niega la posibilidad de definir conceptos dados empíricos y a priori en A729/ B757 y pasa a considerar la posibilidad de definir conceptos arbitrarios, incluye los conceptos hechos con data empíricos bajo esta misma denominación. NT].

31 KrV, A728/ B756 (tr. Mario Caimi).

32 Reflexión 2979.

33 KrV, A734/ B762; PrízeEssay, Ak II, 278 (264).

34* [Los símbolos del filósofo a los que se refiere Beck son las palabras. Como señala Vanzo (2010): "Las palabras no son símbolos, cuya forma (en el caso de las palabras escritas) o el sonido (en el caso de las palabras habladas) reproduzca las características de las cosas. Son 'signos que no contienen nada más que lo que pertenece a la intuición del objeto'. Esto implica que el vínculo entre las palabras y los conceptos no es natural, sino arbitrario" (p. 156). NT].

35 Über eine Entdeckung [Sobre un descubrimiento.], Ak VIII, 229.

36 KrV, A731/ B759; Prize Essay, Ak II, 285 (271); Vorlesungen über Logik §109 Obs. [Ak IX, 145].

37 Prize Essay, Ak II, 282 (268); Falsche Spitzfindigkeit der vier syllogistischen Figuren [La falsa sutileza de las cuatro figuras del silogismo] (Ak II, 61); Prolegomena [Prolegómenos...], §2, C [Ak IV, 267-268], §3 [Ak IV, 270](Beck [ed.] 18).

38 Reflexión 3928, datada hacia el final de los años 60.

39 Rezension von Eberhards Magazin [Comentario al artículo de Eberhard] (Ak XX, 408-409).

40 He traducido este pasaje y discutido el asunto de la variabilidad de la decisión sintético-analítico en "Can Kant's Synthetic Judgments Be Made Analytic? [Pueden los Juicios Sintéticos de Kant convertirse en Analíticos?]" en Beck (1955, pp. 168-181).


Referencias

Arnauld, A. & Nicole, P. (1964). The art of thinking; Port-Royal logic. Indianapolis: Bobbs-Merrill.         [ Links ]

Gahringer, R. E. (1954). Some Observations on the Distinction Between Analytic and Synthetic Propositions. Journal of Philosophy, 51, 425-436.         [ Links ]

Kant, I. (1900ss). Kants gesammelte Schriften (Vols. II-IV, VIII, IX, XIV-XVIII y XX). Berlín: Deutsche Akademie der Wissenschaften.         [ Links ]

Marc-Wogau, K. (1951). Kants Lehre Vom Analytischen Urteil. Theoria, 17 (1-3), 140-154.         [ Links ]

Tannery, P. (1903). Valeur de la classification kantienne des jugements en analytiques et synthétiques. Bulletin de la Société Française de Philosophie, 3, 134-145.         [ Links ]

Vanzo, A. (2010). Kant on the Nominal Definition of Truth. Kant-Studien, 101 (2), 147-166.         [ Links ]

 ¿Cansado de ver palabras como plusvalía, explotación, trabajo socialmente necesario…y no tener ni idea de qué se trata? ¿Harto de ver como cada día trabajas más horas y cobras menos -si es que trabajas- y no encontrar la explicación?¿Formas parte de un ejército -de reserva- y tú sin saberlo?. No te preocupes, Marx desde Cero intentará resolver todas tus dudas al respecto. Si por el contrario, todos esos conceptos los tienes más que masticados y dominados, Temas marxistas es tu espacio.

Para hoy hemos preparado un material de los considerados “básicos“. Es una larga entrada -sí, lo lamentamos pero explicar el abecé de Marx lo más resumido posible y sin perder la visión de totalidad es realmente difícil- pero recoge los conceptos económicos más básicos y centrales del análisis marxista. Con un lenguaje sencillo y con el proceder del docente, Anwar Shaikh vadeshilvanando los conceptos de la madeja marxista. Shaikh, según dicen los entendidos, es considerado uno de los economistas marxistas más prestigiosos del mundo. El trabajo que difundimos hoy fue Publicado en:Valor, Acumulación y Crisis. Ensayos de Economía Política, Tercer Mundo Editores, Bogotá 1990.

¡Ponte cómodo/a y adelante!

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CONCEPTOS BASICOS DEL ANALISIS ECONOMICO MARXISTA

Anwar Shaikh

Anwar Shaikh

INTRODUCCION

Toda ciencia posee ciertos conceptos básicos sobre los cuales se fundamenta cualquier desarrollo científico ulterior. La economía política marxista no se diferencia a este respecto. El concepto fundamental es el de clase, sumado .a los de trabajo excedente y explotación, que examinaremos en esta introducción.

El concepto de capital lo entendemos, no como una entidad física o financiera (herramientas y equipo, o dinero y activos financieros), sino como una estructura históricamente especificada de relaciones sociales, que entraña diferentes elementos de reproducción social y los convierte en recursos para la obtención de sus propios fines. Esto nos permite explicar por qué una herramienta utilizada en forma capitalista “produce” resultados cualitativamente diferentes a los que arroja cuando es utilizada de manera comunitaria. Lo cual también, forzosamente, nos recuerda que el capitalismo es tan sólo una de las tantas formas de organización social que han existido y podrán existir y que, como todas, está destinada a ocupar tan sólo un período en la historia de la humanidad. Estos aspectos serán examinados en la siguiente sección.

El concepto de capital nos lleva inevitablemente al tema de la ganancia puesto que ella es el fin y la razón de ser del capital. Marx identifica dos diferentes fuentes de ganancia que son la transferencia libre o forzada de riqueza (ganancia por enajenación) y la producción de plusvalía (ganancia por plusvalía). La primera fuente domina la larga y azarosa historia del capital comercial, mientras la segunda es, desde luego, la base principal del capitalismo industrial. La distinción entre la ganancia basada en la enajenación y la ganancia con base en la plusvalía nos permite formular una crítica al concepto neoclásico de ganancia, que generalmente reduce la segunda a la primera. También nos provee de una clave importante para descifrar la paradoja, por largo tiempo afirmada, de la aparente variabilidad de las ganancias agregadas en presencia de cambios en los precios relativos, que tanto confunde la literatura de la transformación de valores a precios de producción. La tercera sección explorará estos aspectos.

El capital individual es invertido con el propósito de obtener una ganancia y expandir el capital disponible. Para poder continuar haciéndolo, este valor capital ampliado debe ser lanzado a la pelea de nuevo, en mejores condiciones.

A un nivel agregado, este circuito recursivo da origen a un proceso dinámica de crecimiento cuyos patrones estructurales subyacentes están ocultos bajo su aparente desorden. Marx denomina estos patrones económicos de largo plazo “leyes generales de la acumulación capitalista“. Comenzaremos su exposición en la cuarta sección de este Capítulo, al discutir el concepto de “ley” delineado por Marx, como una fuerza que domina sus tendencias contrapuestas asociadas, de tal manera que el resultado es un patrón general dominante.

Existen tres leyes generales que desempeñan un papel fundamental en el análisis económico de Marx. La primera de ellas contempla la concentración y centralización que acompañan a la acumulación de capital. La segun­da se relaciona con la tendencia interna del capital a crear y mantener un fondo universal de desempleo y empleo parcial, un verdadero ejército internacional de reserva de trabajo. La tercera ley general tiene que ver con la tendencia de la acumulación a hacer decrecer la tasa de ganancia y, por lo tanto, a socavar la acumulación en sí misma. Las periódicas crisis económicas generales, es decir, depresiones, son la inevitable consecuencia de esta tendencia general de la tasa de ganancia a caer.

La ley de Marx de la tasa decreciente de ganancia es una de las tres teo­rías principales de las crisis económicas en la tradición marxista. El presen­te Capítulo termina con un esbozo de la estructura e implicaciones de las tres teorías marxistas de las crisis. Se reserva para el Capítulo 4 un trata­miento más detallado de los aspectos teóricos y empíricos involucrados en esta temática.

CLASE, TRABAJO EXCEDENTE Y EXPLOTACION

La sociedad está compuesta por gente que vive dentro -y-por-medio de complejas redes de relaciones sociales que configuran su existencia. Marx sostiene que las relaciones que estructuran la división social del trabajo están a la base de la reproducción social, porque la división del trabajo cumple simultáneamente dos metas sociales diferentes: primera, la producción de los muchos y variados objetos que la gente usa en sus actividades de la vida diaria; y segunda, la reproducción de los delineamientos sociales básicos bajo los cuales esta producción se realiza. La reproducción social es siempre la reproducción de individuos en tanto individuos sociales.

Las sociedades de clases son aquéllas en las que la imposición de un grupo de gente sobre otro se fundamenta en un tipo particular de división social del trabajo. Esta particularidad proviene del hecho de que la clase dominante se sostiene mediante el control de un proceso por medio del cual se les exige a las clases subordinadas que dediquen una porción de su tiempo trabajo a la producción de cosas que necesita la clase dominante. La división social del trabajó en una sociedad de clases debe, por lo tanto, estar estructurada alrededor de la extracción de trabajo excedente, es decir, de tiempo de trabajo mayor que el requerido para producir los bienes que satisfagan las necesidades de las clases trabajadoras mismas. En efecto, las clases subordinadas son las que hacen el trabajo para la reproducción de la clase dominante y, por lo tanto, terminan trabajando para reproducir las condiciones de su propia subordinación. Por eso Marx se refiere a la extracción de trabajo excedente en las sociedades de clases como la explotación del trabajo [i]. Digamos, de paso, que debería ser claro a partir de esto que la sola ejecución del trabajo más allá de lo necesario para satisfacer necesidades inmediatas no constituye explotación en sí. Robinson Crusoe, que trabajaba en su soledad con el fin de sembrar plantas para su consumo futuro o de crear fortificaciones contra posibles ataques, realizaba solamente un poco del trabajo necesario para satisfacer sus propias necesidades. El no era ni explotado ni explotador. Pero todo cambió una vez que logró subordinar al negro Viernes, educándolo mediante la promesa de la religión y la amenaza de la violencia para que alcanzara su nuevo lugar en la vida, y obligándolo a trabajar en la construcción de un microcosmos de la sociedad inglesa. Entonces, se convirtieron en Robinsonel explotador y Viernes el explotado, cuyo trabajo excedente sólo sirve para atarlo aún más a sus nuevas condiciones de explotado.[ii]

En el sentido más general, explotar algo significa hacer uso de ello con algún fin particular, como en la explotación de recursos naturales para beneficio social o para ganancia privada, lo cual equivale a “sacar ventaja” en un sentido neutral o benigno. Pero en la medida en que una actividad implica sacar ventaja de otras personas, es decir, sacar ventaja en sentido maligno  la explotación también significa algo inescrupuloso. Finalmente, si la situación de otras personas es desmejorada de manera endémica, como en el caso de los pobres en relación con los terratenientes, prestamistas y similares, el término “explotación” toma la connotación de opresión. Eso es sacar ventaja sistemáticamente.

Marx utiliza la palabra explotación en todos los anteriores sentidos. Pero  como se indicó ya, también define un concepto nuevo, la explotación del trabajo, que se refiere específicamente a la extracción del trabajo excedente sobre la que se funda la sociedad de clases. En este sentido, la explotación viene a ser uno de los conceptos básicos de la teoría marxista de las formacionessociales.

Si bien la explotación del trabajo es inherente a todas las sociedades de clases, la forma que toma varía considerablemente de un modo de producción a otro. Bajo la esclavitud, por ejemplo, el esclavo pertenece a su dueño de tal forma que el total de su trabajo y el producto neto correspondiente (es decir, el producto adicional al reemplazo de los medios de producción utilizados) es apropiado ostensiblemente por el esclavista. Pero, de hecho, el esclavo también debe ser mantenido con parte de este mismo producto neto. Por consiguiente, es el producto excedente (la porción del producto neto por encima de la necesaria para mantener a los esclavos) y, por lo tanto  el trabajo excedente de los esclavos, lo que sostiene a la clase esclavista. De modo similar, bajo el feudalismo, los trabajos excedentes del siervo y el arrendatario soportan el aparato de dominación. Pero aquí las formas de su extracción son muchas y variadas: algunas veces son directas, como en el caso de las cantidades de trabajo y/ o producto anual que el siervo o arrendatario están obligados a entregar al señor, a la Iglesia y al Estado; y algunas veces indirectas, como en el pago de arrendamientos en dinero, diezmos e impuestos que requieren que el siervo o el arrendatario obtengan un producto excedente y lo vendan para cumplir con las obligaciones impuestas.

La riqueza material de la clase dominante está directamente ligada al tamaño del producto excedente; éste, a su vez, será más grande cuanto más bajo sea el nivel de vida de las clases subordinadas y más larga, más intensa o más productiva su jornada de trabajo. Ambas proposiciones se traducen en que la relación entre el tiempo de trabajo excedente y el tiempo de trabajo necesario para la reproducción de los trabajadores mismos sea más alta, es decir, en una tasa de explotación del trabajo más alta: dada la productividad del trabajo y la duración e intensidad de la jornada de trabajo, cuanto menor sea la porción del producto consumido por la clase productiva (trabajadores), más grande será la parte de su jornada que es dedicada al trabajo excedente; de manera similar, dado el nivel de consumo del campesino o trabajador medio, mientras más duradero, más intenso o más productivo sea su trabajo, más pequeña la porción de su jornada que tiene que dedicar a sus propias necesidades de consumo y, por tanto, mayor la porción correspondiente al trabajo excedente.

Debido a que la magnitud del producto excedente puede ser elevada en las formas descritas, la clase dominante siempre está interesada en empujar  la tasa de explotación hacia sus límites históricos y sociales. En el mismo sentido, el interés de las clases subordinadas es no solamente el de resistir tales esfuerzos, sino también pelear contra las condiciones sociales que hacen esta lucha necesaria. El carácter de explotación de las sociedades de clases las convierte en un modo de existencia humana fundamentalmente antagónico, signado por una candente hostilidad entre dirigentes y dirigidos y caracterizado por períodos de motines, rebeliones y revoluciones. Es por eso que las sociedades de clases deben depender fundamentalmente de la ideología,para motivar y racionalizarla división social sobre la cual están asentadas, y en la fuerza, para proveer la disciplina necesaria cuando todo lo demás falla.

CAPITALISMO Y EXPLOTACIÓN 

El capitalismo comparte los atributos generales mencionados. Es una sociedad de clases en donde la dominación de la clase capitalista se basa en su propiedad y control del vasto volumen de medios de producción de la sociedad  La clase trabajadora, por su parte, está constituida por aquellos que han sido “liberados” de esa misma carga de propiedad de los medios de producción y deben, por lo tanto, ganar su subsistencia trabajando para la clase capitalista. Como Marx en forma tan elegante lo demostró, la condi­ción general social para la reproducción de estas relaciones, es que la clase trabajadora en su conjunto sea inducida a producir trabajo excedente, ya que éste sienta las bases de la ganancia y esta ganancia, a su vez, mantiene a la clase capitalista dispuesta y capaz de volver a emplear trabajadores. Como la historia del capitalismo lo muestra claramente, la lucha entre las clases en torno a las condiciones, los términos y, aun ocasionalmente, el fu­turo de estas relaciones, pasan a través de este proceso global.

La especificidad histórica del capitalismo radica en el hecho de que sus relaciones de explotación están casi completamente ocultas detrás de la superficie de sus relaciones de intercambio. A simple vista, la transacción en­tre él trabajador y el capitalista es perfectamente equitativa. Aquél ofrece fuerza de trabajo para la venta, éste ofrece un salario y el trueque es realiza­do cuando ambos lados acuerdan los términos. Pero, una vez terminada esta fase, abandonamos la esfera de la libertad e igualdad aparentes y en­tramos al “recinto oculto de lá producción” en cuyo interior acecha el fami­liar dominio del trabajo excedente” [iii].Aquí encontramos un mundo de jerar­quías y desigualdad, de órdenes y obediencia, de jefes y subordinados, en el cual la clase trabajadora está destinada a laborar para producir una cierta cantidad de productos para sus empleadores. Del producto total una por­ción, la que corresponde a los materiales y costos de depreciación del pro­ducto total, es comprada por los mismos capitalistas para remplazar los medios de producción utilizados. Una segunda porción es comprada por los trabajadores con los salarios previamente pagados por sus empleado­res. Pero si estas dos porciones llegan a agotar el producto total, los capita­listas habrán logrado producir tan sólo lo necesario para cubrir sus propios costos de producción (materiales, depreciación y salarios): no habría ga­nancia agregada. Para el éxito de la producción capitalista, es decir, para que ésta cree su propia ganancia, los trabajadores deben ser inducidos a trabajar más allá del tiempo requerido para producir sus propios medios de consu­mo. Deben, en otras palabras, trabajar tiempo de trabajo excedente para pro­ducir el producto excedente sobre el que se fundamenta la ganancia.

Las anteriores proposiciones pueden ser derivadas analíticamente [iv]. Más importante aún, se evidencian en la práctica cuando quiera que el tiempo de trabajo se pierde por huelgas o disminuciones de ritmo en el trabajo. Como se erosiona el tiempo de trabajo excedente, la normalmente oculta conexión entre trabajo excedente y ganancia se manifiesta en una corres­pondiente caída de la rentabilidad. Todo capitalista en funciones debe aprender esta lección tarde o temprano.

La economía ortodoxa, enclaustrada en su mágico reino de funciones de producción, competencia perfecta y equilibrio general, por lo común se las arregla para evitar tales temas. En realidad, está ocupada principalmente en la construcción y refinamiento de una imagen idealizada del capitalismo cuyas propiedades investiga con una concentración tan feroz que le es po­sible ignorar por completo la realidad que la rodea. En esta construcción, la producción es un proceso desarticulado llevado a cabo por una entidad in­tangible llamada empresa, que contrata “factores de producción” llamados capital y trabajo con el propósito de elaborar un producto. Cada factor es pagado de acuerdo con su contribución incremental al producto total (es decir, de acuerdo con el valor de su producto marginal). Si todo va bien, la suma de estos pagos se realiza hasta agotar exactamente los ingresos netos efectivamente recibidos por la firma, y el terreno queda listo para iniciar otra ronda.

Nótese que este concepto coloca una cosa (capital) y una capacidad hu­mana (fuerza de trabajo) en pie de igualdad, ambos son llamados “factores de producción”. Esto habilita a la teoría para negar cualquier diferencia de clase entre capitalistas y trabajadores al tratarlos como esencialmente igua­les: todos son propietarios de, por lo menos, un factor de producción. El hecho de que la “dotación de factores” pueda variar considerablemente entre individuos es, pues, tan sólo un detalle secundario cuya explicación, se dice, reside fuera de la teoría económica. Luego, al tratar la producción co­mo un proceso desarticulado el proceso de trabajo humano es reducido a una simple relación técnica, a una función de producción que “proyecta” cosas llamadas “insumos” (incluida la fuerza de trabajo) a una cosa llama­da “producto”. De esta manera desaparece de vista toda lucha durante el proceso de trabajo. Finalmente, puesto que el capital y el trabajo son sim­ples cosas, no se puede decir que este último sea explotado. Sin embargo, en la medida en que el pago de algunos factores cae un poco por debajo de la igualdad con su producto marginal particular, puede decirse que e1 pro­pietario de este factor es explotado. En este sentido, la explotación se define como una discrepancia entre un “pago a factor” real y un pago ideal (una construcción muy similar subyace a las nociones de intercambio desigual, como las de Enmanuel) [v].Lo que es más importante, el concepto de explo­tación, tal como se definió anteriormente, puede aplicarse en principio tan­to a las ganancias como a los salarios. El capitalismo surge así como un sistema en donde los capitalistas están tan expuestos a ser explotados por los trabajadores como lo contrario.Con este último paso, la noción de explotación se reduce a una absoluta trivialidad [vi].

CLASE, GÉNERO Y RAZA 

Nos hemos centrado en la noción de explotación como la extracción de tra­bajo excedente, debido a que esta relación es el fundamento sobre el cual está construida la sociedad de clases, en el sentido de que el resto de rela­ciones legales, políticas y personales son estructuradas y delimitadas por este elemento central. Esto no quiere decir que las otras relaciones carezcan de una historia y lógica propias. Solamente significa que en cualquier modo de producción dado, dichas relaciones están, atadas al sistema por el campo de fuerza de esta relación central y configuradas en sus características por su siempre presente atracción gravitacional.

La noción de que la sociedad de clases está marcada por la opresión a lo largo de las líneas de clases obviamente no excluye otras formas de subyu­gación igualmente importantes. Es evidente, por ejemplo, que la opresión de la mujer por el hombre es común a todas las sociedades conocidas y a todas las clases dentro de ellas. Así, cualquier explicación apropiada de la opresión de trabajadores por capitalistas también debe contemplar la opresión de la clase de las mujeres trabajadoras por los hombres de todas las clases, así como la opresión de las mujeres de la clase dominante por los hombres de su propia clase.

Pero aun así no es bastante. No es suficiente decir que clase y patriarcado son formas de opresión coexistentes. Necesitamos, también, saber cómo se relacionan estas formas entre sí. Y es aquí donde generalmente los marxis­tas le dan preeminencia a la relación de clase, no porque la opresión de clase sea más gravosa, sino en el sentido de que la naturaleza de la relación de clase modula y define la forma de patriarcado correspondiente. Es decir, los marxistas argumentan que el patriarcado capitalista es distinto al patriarca­do feudal precisamente porque las relaciones capitalistas de producción son de características diferentes a las feudales.

Sobra decir que hay todavía considerable controversia acerca de cuál es exactamente la relación existente entre el patriarcado y las clases [vii], entre la raza y cualquiera de aquellos [viii]. Estas son cuestiones de gran significación teórica y, lo que es más importante, una lucha unitaria contra estas varias formas de opresión tiene verdadero potencial revolucionario.

EL CAPITAL COMO UNA RELACION SOCIAL

Tomada en sí misma, una piedra tallada es simplemente una reliquia dé algún antiguo e inexorable proceso geológico. Pero acondicionada como un instrumento cortante es una herramienta, o en un sentido un poco criminal, un arma. Como piedra es un objeto natural, pero como herra­mienta o arma es un objeto eminentemente social cuya morfología natu­ral es portadora de las relaciones sociales que, por así decirlo, han toma­do forma en ella.

Aun cualquier objeto social particular, como una herramienta, puede entrar en muy diferentes conjuntos de relaciones sociales. Por ejemplo, dondequiera que un telar sea utilizado para tejer tela es parte de los me­dios de producción de un proceso de trabajo orientado a hacer tela. Sin embargo, como cualquier actividad laboral, es en sí misma parte de la di­visión social del trabajo; su verdadero sentido solamente puede ser com­prendido si se analiza como parte de una totalidad mayor. El proceso de hacer tela puede ser parte del trabajo colectivo de una familia o comuni­dad en la que la tela se destina al consumo directo; pero, también, la misma gente puede usar el mismo tipo de telar, en una fábrica capitalista en la que el propósito del proceso del trabajo es producir una ganancia para los propietarios. En el caso de la tela producida para uso directo, son las pro­piedades de calidad y durabilidad las que interesan directamente a los productores. Pero en el caso de tela producida en una fábrica capitalista, su propiedad sobresaliente es la ganancia que pueda generar. Todas las demás propiedades son reducidas a simples vehículos para la ganancia y, como sabemos demasiado bien, el empaque del producto puede fácilmen­te desplazar su utilidad real. Por lo tanto, dos procesos de trabajo qué son idénticos técnicamente pueden, no obstante, tener dinámicas sustancial­mente diferentes, precisamente porque existen dentro d estructuras so­ciales distintas.

El resultado anterior también es válido para las herramientas del proce­so de trabajo. Por ejemplo, tanto en la producción comunitaria como en la capitalista, el telar sirve como medio de producción en un proceso de traba­jo. Pero sólo en el segundo caso también funciona como capital. Lo cual quiere decir que para sus propietarios capitalistas el significado del telar reside no en su carácter de medio de producción, sino en su papel como vehículo hacia la ganancia; mientras que, para los trabajadores que lo ma­nipulan, el telar funciona no como su instrumento, sino como una herra­mienta capitalista adecuada. En realidad, si se mira más de cerca la fábrica capitalista, se ve que no sólo el telar sino también el dinero, la hilaza y aun la capacidad de trabajo, sirven en diferentes instancias como encarnaciones particulares del capital de los propietarios. Esto se debe a que el capital no es una cosa, sino un conjunto definido de relaciones socialesque pertene­cen a un determinado período histórico en el desarrollo de la humanidad y que confieren a las cosas inmersas en ellas su contenido es específico como objetos sociales.Para entender el capital se debe, por lo tanto, descifrar su carácter como relación social [ix].

CAPITAL Y CLASES 

La sociedad humana está estructurada por complejas redes de relaciones sociales en las cuales las personas existen y se reproducen. La reproducción de cualquier sociedad requiere no sólo de la reproducción de su gente, sino también de las cosas necesarias para existir como tales y de las relaciones sociales que envuelven tanto a las personas como a las cosas.

Las cosas que las personas necesitan para su existencia diaria forman la base material de la sociedad. Si bien el carácter específico de estas cosas, y aun las necesidades que ellas satisfacen, pueden variar de acuerdo con el tiempo y las circunstancias, ninguna sociedad puede existir durante mucho tiempo sin ellas. Es más, en todas, excepto en la más primitiva de las socie­dades, el grueso de los objetos socialmente necesarios debe ser producido por medio del trabajo humano. La producción y la asignación social de tra­bajo sobre la cual descansa emergen, pues, como aspectos absolutamente fundamentales de la reproducción social. Pero el trabajo social implica ac­tuar sobre la naturaleza mientras se interactúa con otras personas en y me­diante relaciones sociales específicas. El proceso de trabajo termina siendo esencial no sólo para la producción de nueva riqueza sino también para la producción de las relaciones sociales que circunscriben esta. producción, si como también para cualesquiera otras relaciones sociales directamente contingentes con ellas.

El último aspecto adquiere significado particular en el caso de las socie­dades de clases. En efecto, una sociedad de clases está estructurada de tal manera que le permite a un grupo de personas vivir del trabajo de las otras. Para que esto sea posible, las clases subordinadas deben no solamente ser capaces de producir más que lo que ellas mismas apropian sino también, de alguna manera, deben ser inducidas a hacerlo con regularidad. En otras palabras, deben ser forzadas a trabajar por más tiempo del que requieren para satisfacer sus propias necesidades, de modo que su trabajo excedente y el correspondiente producto excedente puedan ser usados para el soste­nimiento de sus dominadores. La existencia de las clases dominantes está fundamentada, entonces, sobre la explotación del trabajo y sobre la repro­ducción de las condiciones sociales y materiales de esta explotación. Además, puesto que cualquier proceso como este es fundamentalmente antagó­nico, todas las sociedades de clases están marcadas por una hirviente hosti­lidad entre dominantes y dominados, puntualizada por períodos de moti­nes, rebeliones y revoluciones. Es por esto que las sociedades de clases siempre se basan en la ideología para motivar y racionalizar la división so­cial esencial sobre la que están fundadas, y en la fuerza para proveer la disciplina necesaria cuando todo lo demás falla.

El capitalismo no difiere a este respecto. Es una sociedad de clases, en la que la clase capitalista existe en virtud de su propiedad y control de la gran cantidad de medios de producción de la sociedad. La clase trabajadora está, a su vez, conformada por todos aquellos que han sido “liberados” de la carga de propiedad de medios de producción y deben, por lo tanto, ganar su sustento gracias a la venta de su capacidad de trabajo (fuerza de trabajo) a la clase capitalista. Como Marx lo demostró tan elegantemente, la condi­ción social general para la venta regular de la fuerza de trabajo es que la clase trabajadora en su conjunto sea inducida a ejecutar trabajo excedente, por cuanto este trabajo excedente forma la base de la ganancia capitalista y ésta, a su vez, mantiene a la clase capitalista dispuesta y capaz de reengan­char trabajadores. Y, como la misma historia del capitalismo lo deja en claro frecuentemente, la lucha entre las clases acerca de las condiciones, términos y futuro de sus relaciones ha sido siempre parte integral de su desarrollo [x].

El capital como relación social individual vs. el capital como la relación social dominante

En la sección precedente hablamos de la sociedad capitalista ya constituida. Pero ninguna forma social brota de manera completamente acabada. En lu­gar de ello, sus elementos constitutivos deben existir ya en otras socieda­des, de manera dispersa, o bien deben surgir y ser nutridos dentro de la estructura de su predecesor directo. Esta distinción entre los elementos y el todo es importante por cuanto nos permite diferenciar entre el capital como relación social individual y el capitalismo como formación social en donde el capital es la relación social dominante.

El capital como relación social individual se ocupa ante todo de la pro­ducción de ganancia. En su forma más general, esto significa avanzar una suma de dinero D con el fin de recuperar una suma mayor de dinero D’. El circuito de capital general siempre está, por lo tanto, acompañado de los dos polos D y D’ y su magnitud es siempre la medida global de su éxito. Obsérvese que el dinero funciona en este caso como un medio para hacer dinero (es decir, como capital-dinero) más que como simple medio para comprar mercancías para el consumo (esto es, como ingreso monetario). Marx define muchas implicaciones significativas y poderosas a partir de esta diferencia funcional entre capital-dinero e ingreso monetario.

Aun dentro del circuito de capital hay tres posibles rutas diferentes entre sus dos polos. Primera, el capital dinero D puede ser avanzado como un préstamo a cambio de un repago subsecuente D’ que cubre tanto el antici­po original como una suma adicional. Este es el circuito D – D’ de capital financiero, en el cual una suma inicial de dinero aparece creando directa­mente una suma más grande por medio del aparentemente mágico meca­nismo del interés. Segunda, el capital dinero D puede ser utilizado para comprar mercancías M y estas mismas mercancías pueden luego ser reven­didas por más dinero D’ . Este es el circuito D – M – M – D’ de capital comercial, en el cual la doble presencia de M como término intermedio sig­nifica que es el mismo conjunto de mercancías que antes existía como el objeto de compra del capitalista y más tarde como su objeto de (re)venta. En esta oportunidad parece que es el tino del capitalista para “comprar barato y vender caro” el que genera la ganancia del circuito. Finalmente, el capital dinero D puede ser gastado en la compra de mercancías M que compren­dan medios de producción (materiales, planta y equipo) y fuerza de traba­jo; estos últimos elementos son puestos en movimiento como un proceso de producción P y el producto resultante M’ es vendido por capital dinero (ampliado) D’. Este es el circuito de capital industrial D – M… P … M’ – D’, en el cual el término intermedio característico es el del proceso de produc­ción P. En estas circunstancias la habilidad del capitalista para mantener la productividad del trabajo por encima del salario real aparece como fuente de toda ganancia.

Las más antiguas encarnaciones de capital, aún prevalecientes, son las del capital del usurero D – D’ y el capital mercantil D – M – M – D’. Ambas son virtualmente tan viejas como el dinero mismo y han existido por mile­nios en diferentes civilizaciones. Sin embargo, casi siempre aparecen como relaciones parásitas aun en el seno de una sociedad particular, o entre dos o más culturas. Aunque frecuentemente menospreciadas y ocasionalmente te midas, estas actividades individuales eran, no obstante, generalmente tole radas, en la medida en que se ajustaban a la estructura de la formación socia) dentro de la que existían. Fue tan sólo en la Europa feudal, particularmente en Inglaterra, donde estas formas de capital antediluvianas se fusionaron con el capital industrial para constituir la enteramente nueva formación so­cial que denominamos el modo de producción capitalista. Sólo entonces, so­bre la base del trabajo excedente extraído directamente por y para él, encon­tramos al capital como la relación social dominante, y a sus formas indivi­duales como simples momentos particulares del mismo proceso global” [xi].

LAS LEYES GENERALES DEL CAPITAL

El predominio social del capital da origen a ciertos patrones característicos del modo de producción capitalista.

El primero de estos patrones, la relación de clase entre capital y trabajo, es fundamentalmente antagónica, signada por una lucha intrínseca alrededor de las condiciones y términos de la extracción de trabajo excedente. Aunque siempre esté presente, este antagonismo puede brotar a veces con tal fuerza y ferocidad que llega a sacudir las bases del sistema mismo.

Con el segundo patrón, el capitalismo es una forma de organización social que enfrenta a cada elemento contra algún otro en un clima generali­zado de conflicto. Capitalista contra trabajador en el proceso de trabajo, tra­bajador contra trabajador en la competencia por puestos de trabajo, capita­lista contra capitalista en la batalla por la posición del mercado y las ventas, y nación contra nación en el mercado mundial. Al igual que en la lucha de clases, estos conflictos emergen periódicamente en combate agudo y abier­to entre los participantes, en, las batallas de huelguistas contra esquiroles, de capitalistas contra sus rivales o, aun, en la guerra mundial de un conjun­to de naciones capitalistas contra otras. Precisamente este conflicto real es encubierto por la noción burguesa de “competencia perfecta” [xii].

En tercer lugar, el hecho de que las relaciones entre las personas estén mediatizadas por relaciones entre cosas, proviene de la misma naturaleza de la producción capitalista, en la que se emprenden trabajos individuales únicamente con el ánimo de obtener una ganancia de sus productos. Los diferentes trabajos individuales son articulados en una división social del trabajo solamente bajo la “cubierta objetivada” de sus productos. Los pro­ductos aparecen, entonces, en primer lugar y los siguen los productores. De aquí se deriva el famoso fetichismo de las relaciones mercantiles, que pare­ce ser una propiedad natural de todos los objetos más que una forma histó­rica especifica de evaluar el contenido social de los trabajos que los produ­cen (véase la sección “Trabajo concreto y trabajo abstracto” del Capítulo 2).

El cuarto punto se deriva directamente del tercero. Como se indicó arri­ba, bajo las relaciones de producción capitalistas los procesos individuales de trabajo se llevan a cabo con la esperanza de obtener una ganancia priva­da sin ninguna consideración previa de la división social del trabajo. Pero cualquier articulación de tales trabajos puede sobrevivir solamente si, por casualidad, reproducen colectivamente las bases materiales Y sociales de su existencia: la sociedad capitalista, como toda sociedad, requiere un modelo particular de trabajo con el fin de reproducir su estructura general. Por lo tanto, bajo la producción capitalista los distintos trabajos individuales ter­minan siendo forzosamente articulados en una división social del trabajo en continuo movimiento, por medio de un proceso de ensayo y error, de ampliación y contracción, de discrepancia, discontinuidad y aun rupturas ocasionales en el proceso de reproducción. Este patrón de aparente anar­quía, regulado por leyes de movimiento internas, es la forma peculiar de la reproducción capitalista. Nótese cuán diferente es este concepto del de equilibrio general, donde el proceso en conjunto se reduce a una éstasis in­mediata y perfecta.

El quinto punto proviene del hecho de que la producción capitalista es guiada por la ganancia. Cada capitalista es impulsado a buscar y agrandar la brecha entre el avance inicial D y el retorno final D’; los que sean más exitosos prosperan y crecen, quienes queden rezagados pronto enfrentarán el espectro de la extinción. Dentro del proceso de trabajo, esto se evidencia en la tendencia a prolongar la duración e intensidad de la jornada de traba­jo hasta sus límites sociales, mientras, al mismo tiempo y constantemente se persigue reformar el proceso de trabajo según patrones que sean aún más “racionales” desde el punto de vista del capital. Esta compulsión es respon­sable directa del papel históricamente revolucionario del capitalismo a ele­var la productividad del trabajo a nuevos niveles. La racionalidad capitalis­ta se expresa de manera más perfecta en la rutinización de la producción, en la reducción de actividades humanas a operaciones repetitivas y auto­máticas, y en el posible reemplazo de las líneas de trabajo-humano-máquina por máquinas reales. Como Marx señala, la llamada Revolución Industrial es tan sólo la señal, no la causa, del advenimiento de las relaciones de pro­ducción capitalistas. Y si bien, antes la herramienta era un instrumento de trabajo, ahora es el trabajador un instrumento de la máquina [xiii].

Concepción del capital en la economía ortodoxa

En la economía ortodoxa el término “capital” generalmente se refiere a los medios de producción; en ella se afirma que el capital, conjuntamente con el trabajo, existe en toda sociedad. Desde este punto de vista, las formas sociales deben distinguirse por la manera como los factores de producción, el capital y el trabajo, sean puestos conjuntamente a trabajar de acuerdo con sus respectivas disposiciones. El capitalismo es definido como un sistema que utiliza el mercado para acometer esta tarea en el contexto de la propie­dad privada de los medios de producción [xiv].

Al tratar la actividad laboral humana como un factor de producción a la par con materias primas y herramientas, por ende como una cosa, la econo­mía ortodoxa logra reducir el proceso de trabajo a una relación técnica entre los llamados insumos y productos (es decir, una función de producción). De ese modo se pierden de vista todas las luchas sobre los términos y con­diciones del trabajo.

Además, una vez el trabajo es definido como un factor de producción, cada individuo (en uso de sus capacidades) es propietario por lo menos de un factor. Desde luego, algunos pueden ser lo suficientemente afortunados para poseer también grandes cantidades de capital. Pero este es un simple detalle de la distribución de “dotaciones iniciales”, aspecto sobre el cual la economía ortodoxa se mantiene cautelosamente neutral. En cambio sí importa que, bajo el capitalismo, la idea según la cual cada uno es propietario de un factor de producción sea indicio de una cualidad inherente a los indi­viduos. Cualquier referencia al concepto de clase es por lo tanto bloqueada desde un comienzo.

Se desprende de esto que, debido a que el trabajo es tan sólo uno de los factores de la producción que los individuos son libres de utilizar en la for­ma como escojan, no se puede decir que este trabajo -siendo una cosa- sea explotado. La explotación del trabajo queda fuera de escena, para ser rem­plazada por la noción de cooperación entre capital y trabajo, cada uno de los cuales contribuye con su componente al producto, y recibe, a su vez, su retribución proporcional (como consta en las teorías de la distribución ba­sada en la productividad marginal). Con esto queda completa la santifica­ción del capitalismo.

Límites históricos del capital como relación social

El último aspecto general tiene que ver con la especificidad histórica de la producción capitalista. Por un lado, el capitalismo es una estructura social poderosa y altamente flexible que ha desarrollado sus fuerzas productivas hasta alturas extraordinarias y ha probado que por sí mismo es capaz de disolver o destruir todas las formas sociales anteriores. Su naturaleza inhe­rentemente expansiva lo ha llevado a la creación de grandes cantidades de riqueza y a un dominio que se extiende por todo el Globo. Pero por otro lado, este mismo aspecto progresivo alienta un lado oscuro y enormemente destructivo cuya naturaleza se aclara de manera particular cuándo es vista a escala mundial. La relación capital-trabajo es profundamente desigual y la concentración y centralización del capital que acompaña el desarrollo capi­talista tan sólo profundiza la desigualdad. La lucha competitiva de todos contra todos crea un carácter social alienado y egoísta, que aprisiona a cada quien en una atmósfera de sospecha y tensión, y amontona sus miserias pre­cisamente sobre quienes están en las posiciones más débiles. Finalmente, a medida que el capitalismo se desarrolla, también lo hace su nivel de mecani­zación, de tal manera que es progresivamente menos capaz de absorber tra­bajo. En los países capitalistas desarrollados esto se manifiesta en una masa creciente de gente desempleada a cualquier tasa “natural” de desempleo da­da. En el Tercer Mundo, a medida que la penetración de relaciones capitalis­tas asuela las formas sociales anteriores, los procesos mecanizados que las remplazan tan sólo son capaces de capturar una fracción del gran número “dejado libre” previamente. La creciente productividad de la producción ca­pitalista es acompañada de un foso creciente de trabajo superfluo alrededor del Globo. La presencia de hambrientas masas en el Tercer Mundo, así como de poblaciones flotantes de desempleados en el mundo capitalista desarro­llado, son amargas advertencias de estas tendencias inherentes.

La anterior perspectiva recuerda forzosamente que el capitalismo es tan sólo una forma histórica particular de organización social, sujeta a profundas contradicciones que son inherentes a la estructura de su exis­tencia. Precisamente, debido a que estas contradicciones están incorpora­das, cualquier lucha exitosa contra sus efectos destructivos debe ir más allá de las reformas, al rechazo de su misma estructura. En el siglo XX tales esfuerzos han tomado una gran variedad de formas, que van desde el llamado socialismo parlamentario hasta la revolución socialista. Sea lo que sea lo que podamos pensar de las fortalezas y debilidades de estos novedosos movi­mientos sociales, la tendencia general es parte de un proceso humano de vieja data. La historia nos enseña que ninguna forma social dura por siem­pre. Y el capital, en tanto relación social, no es la excepción de esta regla.

GANANCIA Y PLUSVALÍA

La rentabilidad regula la salud de la sociedad capitalista. A este respecto, Marx identifica dos fuentes distintas de ganancia. Ganancia por_transferen­cia (o incluso apropiación violenta) de riqueza, que domina el período mer­cantilista. Y ganancia por la producción de plusvalía, que viene a tener pro­minencia en la época del capitalindustrial. Puesto que las actividades co­merciales pueden estar ligadas a cualquier fuente de ganancia es útil comenzar con las ganancias comerciales.

La ganancia comercial individual se presenta dondequiera que una mer­cancía sea revendida en busca de ganancia. Para el comerciante que adquie­re una mercancía por £100 y la revende por £200, lo que determina su ga­nancia (que cubre costos comerciales y beneficios) es su habilidad empresa­rial para “comprar barato y vender caro”. Pero desde la perspectiva del sis­tema en su conjunto, la cadena de transacciones desde la venta inicial hasta la final, simplemente sirve para dividir el precio de venta total entre los diferentes negociantes, incluido el comerciante. Esto es cierto aun, si las transacciones son justas o injustas, libres o forzadas.

La ganancia del comerciante es su “balance del excedente comercial”. Pero es esencial distinguir entre una situación en la que el “balance de co­mercio “global” es cero debido a que el excedente del comerciante es compensado por un déficit correspondiente en cualquier parte de la cadena; y otra, en la que el balance total es positivo a causa de que la ganancia del comerciante es solamente su participación particular en algún excedente global cuyo origen descansa, por lo tanto, fuera de las actividades de co­mercio mismas. El primer caso corresponde a la ganancia por la transferen­cia de riqueza, y el último a la ganancia por la producción de plusvalía. A continuación consideraremos cada una por separado.

Ganancia por transferencia de riqueza

La existencia de un amplio sistema de ganancia debido a la transferencia de riqueza es misteriosa ya que el excedente del comerciante no parece ser compensado por algún déficit correspondiente. Supongamos que comer­ciantes capitalistas intercambian bienes que adquieren por £100 a los co­merciantes de una comunidad no capitalista o tribu y luego los revenden por £200. Este trueque deja la riqueza conjunta de los participantes intacta. Sin embargo, da origen a una ganancia del lado capitalista sin ninguna pér­dida correspondiente del lado no capitalista, así que aparece una ganancia neta para el sistema como un todo. ¿Cómo es posible esto?

La participación de la tribu en el comercio puede ser motivada por mie­do, por consideraciones rituales o por la esperanzade conseguir objetos que sean socialmentemás deseables. En todos los casos subyace una va­luación social del comercio. Pero, para los comerciantes, lo importante es que los objetos tribales adquiridos puedan ser revendidos para lograr una ganancia monetaria. En terminología de Marx, la tribu opera dentro del circuito simple de mercancías M – M’, en el que un conjunto de valores de  uso M es intercambiado por otro conjunto útil M’ , mientras que los co­merciantes operan dentro del circuito del capital D – M – M’- D’ donde una suma de dinero D = £100 es finalmente transformada en una suma más grande D’ = £200, por medio del intercambio de un conjunto de va­lores de uso M por otro más valioso M’.

Estos circuitos forman los dos polos de la transacción. Sin embargo, da­do que sólo uno de los polos es estimado en términos monetarios, cualquier ganancia monetaria que sé registre no tiene contraparte en el  otro polo. Una ganancia monetaria neta puede aparecer solamente para el sistema como un todo. Nótese que ésta no sería la situación si los dos polos fueran trata­dos en los mismos términos. Si los bienes de la tribu fueran valorados a su precio final de venta de £200, sería obvio que la tribu habría intercambiado un conjunto de mercancías con valor de £200 por otro con valor de £100 tan sólo, perdiendo, por lo tanto, exactamente lo mismo que ganan los co­merciantes en términos monetarios. Al final, la desigualdad del intercam­bio está a la base de la ganancia por transferencia de riqueza (ganancia de enajenación) [xv].

Es interesante observar de qué manera la economía neoclásica tiende a tratar la ganancia como simple ganancia de enajenación, razón por la que el análisis del “intercambio puro” ocupa una posición tan prominente en la teoría. Por ejemplo, una representación clásica describe un campo de prisio­neros de guerra en el que todos los prisioneros reciben (de la Cruz Roja) paquetes iguales de mercancías. Un empresario que se encuentra entre los prisioneros sirve de intermediario para realizar una distribución más con­veniente de la masa total de mercancías, una parte de las cuales guarda para sí como su propia recompensa. Puesto que todos los otros prisioneros ganan en términos de sus respectivas utilidades subjetivas (por lo tanto no comparables), la porción de la dotación colectiva que se gana el empresario no es tratada como pérdida para ellos. Por otra parte, el empresario conta­biliza precisamente esta riqueza transferida como su ganancia. Con un polo de la transacción puesto en la utilidad subjetiva y el otro en el beneficio material, la ganancia parece haber sido creada del aire. En vez dé intentar disolver esta falsa apariencia, la economía neoclásica se concentra en pre­sentar la ganancia como la justa recompensa de la clase capitalista [xvi].

Ganancia por producción de plusvalía

Con el ascenso del capital industrial, se hizo cada vez más claro que la ga­nancia industrial era muy diferente de la ganancia por enajenación. Esta dependía del comercio y del intercambio desigual, mientras que aquélla estaba atada a la producción, el trabajo asalariado y el intercambio aparen­temente igual [xvii].Precisamente con el fin de localizar la diferencia entre las dos formas de ganancia, Marx insiste en la explicación de la ganancia in­dustrial aun en la situación en que todos los intercambios sean esencial­mente iguales [xviii].

Marx comienza señalando que toda sociedad debe, de alguna manera, dedicar el tiempo de trabajo a su disposición a la producción de los bienes y servicios necesarios para mantenerse y reproducirse. En las sociedades de clase, la reproducciónde la clase dirigente requiere que ésta sea capaz de extraer un producto excedente de las clases subordinadas. Esto significa que toda clase dominante debe hacer, por cualquier medio, que las clases subordinadas trabajen más allá del tiempo necesario para producir sus pro­pios medios de consumo, por cuanto con este tiempo de trabajo excedente se crea el plusproducto requerido (véase la sección sobre explotación en este Capítulo).

El mismo proceso básico opera en la sociedad capitalista, pero está oculto bajo la superficie de relaciones de intercambio y magnitudes mone­tarias. Para demostrar tal cosa, Marx comienza suponiendo que el precio monetario de cada mercancía es proporcional al tiempo de trabajo abstrac­to total socialmente necesario para su producción (su valor trabajo). En el caso del trabajo asalariado, esto significa que los salarios monetarios son proporcionales al número de las horas (v) que los trabajadores deben la­borar en un día dado para producir sus medios de consumo colectivo dia­rios. Bajo tales circunstancias todas las mercancías, incluso la fuerza de tra­bajo (la capacidad de trabajo), se intercambian en proporción al tiempo de trabajo socialmente necesario para su reproducción. Todos los intercam­bios son, por lo tanto, iguales en un sentido social fundamental, de tal for­ma que (por el momento) la ganancia de enajenación queda por fuera de consideración.

Durante el proceso de producción, una cantidad particular de medios de producción (materias primas y máquinas) es utilizada cada día. El tiempo de trabajo abstracto (c) que previamente se necesitó para reproducirlos es, en consecuencia, transferido al producto. Si agregamos a esto el tiempo de trabajo laborado por los trabajadores en un día dado (l), la suma resultante (c+l) representa el tiempo de trabajo abstracto total socialmente necesario para producir el producto diario.

Si el intercambio es proporcional a los tiempos de trabajo, el precio del producto social total es proporcional a c+1. Pero el costo monetario corres­pondiente a la producción de este producto es proporcional a c+v, puesto que c representa el costo de trabajo abstracto de los medios de producción utilizados y v representa los costos correspondientes a los trabajadores empleados. De aquí se deriva que las ganancias agregadas existirán sólo si c+l > c+v, lo que implica 1 > v. En otras palabras, cuando los precios son proporcionales a los valores trabajo (intercambio igual), la ganancia es la expresión monetaria directa del tiempo de trabajo excedente p = l – v > 0. Este tiempo de trabajo excedente, ejecutado por los trabajadores que produ­cen mercancías para los capitalistas (esto es, que producen capital-mercan­cía), es lo que Marx llama plusvalía.

Incluso cuando el intercambio ya no se considere proporcional al valor-trabajo, la conexión entre ganancia y plusvalía se mantiene, pero de una manera más compleja. En efecto, cuando los precios se desvían de su pro­porcionalidad con los valores trabajo, pueden darse transferencias de valor desde un grupo de negociantes hacia otro. En estas circunstancias las ga­nancias totales pueden apartarse de su proporcionalidad con la plusvalía total -aun cuando, en términos agregados, las ganancias y pérdidas debi­das a transferencias de valor se cancelen exactamente. Esta aparente para­doja, que ha perturbado por largo tiempo la extensa literatura del llamado problema de la transformación, es resuelta fácilmente una vez se reconoce que la ganancia es una medida que sólo recoge una parte de las transferencias totales de valor involucrado. Por definición, la ganancia agregada es simplemente la diferencia entre el precio del producto total y el precio de aquella porción de este producto que corresponde al flujo de mercancías utilizadas como “insumos” en la producción, sea en forma directa como medios de producción o indirecta como bienes-salario. A medida que el valor es transferido entre el producto total y los insumos particulares, la ganancia que los productores capitalistas en su conjunto puedan obtener, gracias a precios de venta más altos, es, al mismo tiempo, lo que perderían con mayores costos de los insumos.

Las ganancias totales se mantienen inmodificadas debido a que la retro­alimentación que se establece entre el precio de los productos y los precios de los insumos particulares evita cualquier transferencia total de la plusva­lía. Pero no puede decirse lo mismo de aquellas transferencias que com­prenden las porciones restantes de producto agregado, que entran respec­tivamente en el acervo de capital de la firma (como inventarios, planta y equipo) o en la posesión de los capitalistas mismos como bienes de consu­mo. En el primer caso, cualquier transferencia se refleja en los balances con­tables de las firmas y, a lo sumo, se trasmite sólo parcialmente a los costos; en el segundo caso, cualquier aumento en las ganancias debido a un precio de venta más alto de los bienes de consumo capitalista se refleja en una pérdida correspondiente en la contabilidad personal de los mismos capitalistas, más que en incrementos en los costos de sus negocios. Ya que la me­dición de la ganancia sólo abarca un subconjunto de la transferencias de valor, la ganancia total puede terminar desviándose en alguna proporción de la plusvalía -dentro de límites estrictos. Este es simplemente el mismo principio que subyace a la ganancia mercantilista, lo que era bien conoci­do por el mismo Marx[xix].

Consideraciones adicionales

Primero que todo, es importante anotar que la ganancia monetaria (con o sin la nivelación de la tasa de ganancia) sólo se puede considerar como la única expresión de la plusvalía a un nivel de análisis abstracto. A un nivel más concreto, la plusvalía aparece como ganancia de los productores, már­genes brutos de comercio, rentas, intereses, impuestos y dividendos. De manera similar se puede desarrollar el análisis para explicar las ganancias en las industrias, las firmas en el interior de las industrias, en las regiones y en las naciones. Dentro de este movimiento de lo abstracto a lo concreto se encuentra comprendida una sutil y poderosa teoría de la competencia v los precios sobre cuyas bases se puede adelantar este análisis.

En segundo lugar, nuestra anterior discusión sobre la ganancia por ena­jenación debería llamar la atención sobre el hecho de que la plusvalía no es la única fuente de ganancias. La comprensión de este aspecto es uno dé los puntos más fuertes del análisis de Marx sobre los determinantes de las ga­nancias. Es también una cuestión histórica y empírica importante por sí misma. Aun considerando el mundo capitalista moderno, donde la plusva­lía es claramente la base principal de la ganancia, se debe ser cuidadoso al explicar las transferencias de riqueza y valor desde esferas no capitalistas (pequeña producción y producción de bienes que no son mercancías) hacia esferas capitalistas -particularmente cuando se efectúan análisis del llama­do “Tercer Mundo”.

En tercer lugar, se debe anotar que el mismo concepto de transferencia de riqueza y valor está fundamentado sobre la distinción entre actividades que producen los bienes y servicios (valores de uso) que conforman la riqueza anual, y actividades que sirven para transferir esta riqueza de unas manos a otras. Esta distinción es, a su vez, tan sólo parte de otra más general existente entre las actividades de producción yde no-producción. Entre estas últimas encontramos no sólo la categoría familiar de actividades de consumo perso­nal, sino también la noción clásica de actividades de consumo social, tales como aquéllas contempladas en el intercambio de bienes, servicios y dinero: las actividades de administración general en los sectores público y privado; y otras actividades como la defensa nacional, etc. La producción utiliza va­lores de uso con el fin de producir más valores de uso. Los consumos perso­nal y social utilizan valores de uso para alcanzar cualquier otro. fin deseado. En tal sentido, la distinción entre las actividades no tiene nada que ver, per se, con otras distinciones como las que existen entre las actividades necesarias/innecesarias, deseables/ indeseables y básicas/no básicas. Pero lo que es más importante, la distinción entre actividades de producción y de no-producción tiene profundas implicaciones para la manera como se mide y analiza la riqueza de las naciones capitalistas [xx]

En cuarto lugar, dentro de la categoría general de actividades de produc­ción, surge una diferencia adicional entre las actividades que. producen plusvalía (es decir, que producen trabajo excedente para un empleador ca­pitalista) y las que producen valor (pequeños productores de mercancías) o valores de uso vara uso directo (hogares, comunidades que producen bie­nes que no son mercancías). Aunque todos estos trabajos son productores de riqueza social, tan sólo los primeros son directamente productores de plusvalía. Es por esto que Marx distingue esta forma particular de trabajo como el trabajo-que-es producto-de-capital esto es, que es “trabajo produc­tivo” desde el punto de vista del capital. Como corolario de lo anterior, se hace necesario distinguir entre la tasa de explotación.(quese refiere a todos los trabajadores empleados por el capital) y la tasa de plusvalía (que es la tasa de explotación del “trabajo productivo” solamente, puesto que es el único que produce plusvalía) [xxi].

Finalmente, es importante reconocer que las categorías precedentes inte­ractúan en complejas formas. Por ejemplo, la plusvalía es simplemente la diferencia entre la duración de la jornada de trabajo (1) de los trabajadores productivos, y la porción de la misma (v) requerida para producir las mer­cancías que ellos y sus familias consumen. Pero la cantidad de tiempo de trabajo social representado por v no es, en absoluto, la misma cantidad de tiempo de trabajo social requerido para reproducir a los trabajadores pro­ductivos, ya que este último, generalmente, incluye el trabajo comunitario y familiar involucrado en la reproducción de la fuerza de trabajo. En la me­dida en que de estos trabajos no capitalistas son responsables del grueso de los valores de uso consumidos por los trabajadores productivos, sólo una pequeña cantidad de mercancías estará contemplada en esa reproducción. Pero, puesto que los capitalistas sólo necesitan pagar a los trabajadores lo suficiente para que adquieran la porción de mercancías que corresponda a su patrón de vida, v será pequeño y s alto. Por consiguiente, a medida que la producción capitalista socave la producción campesina y/o familiar, las mercancías comenzarán a constituir una mayor porcióndel nivel de vida de los trabajadores, incluso si el nivel general mismo declina. Para los capi­talistas, los trabajadores se van haciendo progresivamente más “caros” a medida que sus necesidades de mercancías crecen. Aunque los trabajadores mismos pueden ser todavía más pobres si su nivel de vida general decae. Durante ciertos períodos, un salario real creciente es perfectamente compa­tible con un nivel de vida decreciente -tal como la historia de muchos paí­ses capitalistas en desarrollo lo indica. Todo nos conduce a mostrar que nin­gún análisis de una formación social concreta puede ignorar las interrela­ciones existentes entre ganancia por transferencia de riqueza y ganancia por producción de plusvalía, entre actividades de producción y de no-pro­ducción, y entre trabajo capitalista y no capitalista.

LEYES GENERALES DE LA ACUMULACION CAPITALISTA

Las leyes generales como tendencias dominantes

Al analizar el sistema capitalista, Marx se refiere constantemente a sus “le­yes de movimiento”. Por ejemplo, habla de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia como una ley general, mientras que’ al mismo tiempo, pre­senta varias tendencias opuestas “que contrarrestan y anulan los efectos de la ley general”. Así, pues, surge naturalmente la pregunta: ¿cómo se origina una “ley” a partir de la tendencia y la contratendencia? Hay dos formas básicas de responder a esta pregunta. Una posibilidad estriba en concep­tualizar las diversas tendencias como si operasen en plano de igualdad. El capitalismo da lugar a una serie de tendencias antagónicas, y el equilibrio de fuerzas existente en una “coyuntura” histórica particular es el que deter­mina la dirección final del sistema. Desde esta perspectiva, la reforma es­tructural y la intervención del Estado parecen disponer dé gran potencial puesto que, en las circunstancias apropiadas, pueden inclinar 1a balanza y regular el resultado. Esta perspectiva general subyace en la mayoría de los enfoques marxistas modernos.

Marx abordó el tema de una manera bastante diferente. Para él lo crucial era distinguir entre la tendencia dominante y las diversas tendencias su­bordinadas contrapuestas, ya que estas últimas operan dentro de los límites aportados por la primera. Como las tendencias dominantes surgen de la misma naturaleza del sistema, dándole un poderoso ímpetu, las tendencias subordinadas operan efectivamente dentro de límites móviles, y se canali­zan, por así decirlo, en una dirección determinada [xxii]. Desde esta posición ventajosa, las reformas estructurales, la intervención estatal e, incluso, las luchas de clase que dejen intacta la naturaleza básica del sistema, tienen un potencial limitado, justamente porque terminan subordinadas a la dinámi­ca intrínseca del sistema. Una ley_ surge, precisamente, debido a que hay una tendencia dominante.

Concentración y centralización del capital

El capital posee dos aspectos distintos: en relación con el proceso de trabajo existe como una masa concentrada de medios de producción mandó de un ejército de trabajadores y, en relación con un capitalista individual; re­presenta la parte de la riqueza social que está concentrada en sus manos como capital. Sobre estos aspectos del capital operan, a su vez’, de modo diferente, dos procesos distintos: el proceso de concentración creciente por medio de la acumulación, llamado por Marx la “concentración del capi­tal“, y el proceso de concentración creciente gracias a la competencia y el crédito, al que llama “centralización del capital“.

La acumulación es la reinversión de las ganancias en métodos de pro­ducción más nuevos y potentes. Nuevos métodos conllevan una escala de inversión mínima incrementada y un aumento de la tasa de capital inverti­do por trabajador, y por tanto, una creciente concentración del capital res­pecto al proceso de trabajo. A1 mismo tiempo, aun cuando la acumulación tiende a incrementar el monto de capital a disposición de un capitalista in­dividual, la división de la propiedad entre los miembros de una familia, la separación de los capitales nuevos de los viejos y el nacimiento de nuevos capitales, todo ello, tiende a aumentar el número de los propios capitalistas y, en consecuencia, a disminuir el capital social concentrado en unas pocas manos. Como la acumulación es comparativamente lenta en relación con estos últimos factores, el efecto neto sobre la propiedad tiende a ser una descentralización. Como resultado final, la acumulación concentra el capi­tal en el proceso de trabajo, pero tiende a descentralizar su propiedad.

La competencia y el. crédito, por su parte, incrementan la concentración en ambos frentes. La competencia favorece las inversiones en gran escala debido a sus menores costos de producción, mientras que el sistema credi­ticio permite a los capitalistas individuales reunir las grandes sumas nece­sarias para estas inversiones. La concentración del capital en el proceso de trabajo avanza así mucho más velozmente que lo que permite la sola acu­mulación del capital. A1 mismo tiempo, debido a que la competencia des­truye a los capitalistas más débiles y el sistema crediticio habilita al fuerte para tragarse al débil, estos dos elementos conducen a una concentración de la propiedad de capitales que compensa con creces las tendencias des­centralizadoras propias de la simple acumulación.

En términos generales el capitalismo es acompañado por la creciente capitalización de la producción, así como una creciente centralización de la propiedad del capital social [xxiii]. En el análisis de Marx, ambos fenómenos emanan de la batalla de la competencia y, a su vez, sirven para intensificarla. En la economía burguesa, sin embargo, el concepto mismo de competencia “pura”, o “perfecta” implica que toda concentración o centralización es la antítesis de la competencia. Una vez se identifica la concepción burgue­sa con la realidad de la competencia en el capitalismo primitivo y/o con el análisis que de él hizo el propio Marx, el hecho histórico de la concen­tración y centralización crecientes representa prima facie la prueba del quebrantamiento de la competencia, del ascenso de la competencia “imperfecta”, del oligopolio y del monopolio. Dentro de la economía marxista, la tradición dominante originada por Hilferding y desarrollada por Kalecki, Steindl, Baran y Sweezy, efectúa exactamente esta doble identificación. Ello lleva a sus proponentes a sostener que el capitalismo moderno está, en última instancia, regulado por los resultados de las relaciones de poder entre los monopolistas, los trabajadores y el Estado. Del lado opuesto, Varga[xxiv] y  algunos otros autores más recientes han sostenido que la concentración y la centralización hanintensificado la competencia, en vez de quebrarla  y que  la evidencia empírica relativa a la rentabilidad contribuye, de hecho, a apoyar la teoría de la competencia enunciada por Marx[xxv].  Hay que señalar que Lenin es reclamado por ambas partes. No es necesario decir que este debate entraña importantes repercusiones con respecto al análisis del capitalismo moderno y la actual crisis.

Ejército de reserva de trabajo

Una característica inherente a la sociedad capitalista es el conjunto de trabajo desempleado        sub-empleado que se crea y reproduce directamte por la propia acumulación de capital. Marx denomina a este conjunto “ejército de reserva de trabajo” o “ejército industrial de reserva”. La acumulación: de capital significa el incremento de éste, pero conlleva también nuevos méto­dos de producción, a mayor escala y más mecanizados, que la competencia obliga a los capitalistas a introducir. El crecimiento del capital aumenta la demanda de trabajo, pero la mecanización sustituye a los obreros por máquinas y reduce, en consecuencia, la demanda de trabajo. Esta, en términos netos, depende, por lo tanto, de la fuerza relativa de estos dos efectos, y, son precisa­mente esas fuerzas relativas las que varían para mantener el ejército de reserva de trabajo. Cuando el efecto empleo es más fuerte que el efecto desplazamiento durante un tiempo suficientemente largo como para absorber el ejército de reserva, la escasez de trabajo y el aumento de salarios resultantes reforzarán automáticamente el desplazamiento relativo al empleo; el alza de salarios re­duce el ritmo de crecimiento del capital y, por lo tanto, del empleo. Esto, junto con la escasez de trabajo, acelera el proceso de mecanización y, por consiguien­te, de desplazamiento. De esta forma, la acumulación de capital repone automáticamente el ejército de reserva [xxvi]. A ello se suma la importación de trabajo procedente de sectores de alto desempleo y la movilidad del capital hacia sec­tores de salarios bajos, lo cual sirve conjuntamente para restablecer la relación “apropiada” entre el capital y una población relativamente superflua.

Independientemente de sus límites históricos, el sistema capitalista ha creado y conservado siempre un ejército de reserva. El capitalismo moder­no abarca todo el globo terrestre y también lo abarca su ejército de reserva. Las masas hambrientas del Tercer Mundo, la importación y subsecuente ex­pulsión de “obreros inmigrantes” por parte de los países industrializados, y la fuga de capital a regiones de salarios bajos, son simplemente manifestaciones de este hecho.

Tasa decreciente de ganancia

La ley de la tasa decreciente de ganancia expresa el resultado del análisis de Marx

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